26/5/18

Como un niño




“De los que son como los niños 
es el Reino de Dios” 
(Mc 10,14) 

SER COMO UN NIÑO
Retrato de un niño en tiempos de Jesús:
Frágil y vulnerable.

Marginal y secundario.
Confiado y dependiente.
Inútil y despreciado.
Retrato de un niño en la actualidad:
Inocente y puro.
Bueno y guapo.
Central e importante.
Listo y apreciado.

Las cosas bellas empiezan a nacer en el corazón de un niño.
El don de Jesús se convierte en ellos en una fuente de gracia para todos.
Acércate a los pequeños, míralos con cariño.
Poco a poco te descubrirás tu propio rostro.

Ando buscando tu rostro, Señor. 
Y Tú te escondes en los pequeños.
Enséñame a recorrer los caminos de la infancia confiadamente.  

• Señor, que acoja a las personas tal cual son.

 
Señor, delante de ti yo quiero ser sólo un pobre,
quiero despojarme, Señor, de mis pretensiones y vanidades;
también, Señor, quiero traspasar mi propia culpa
y entrar a tu casa desnudo,
meterme en tu corazón como un niño.
Quiero mirarte a los ojos suplicándote
confiadamente.

Quiero, Señor, y deseo apoyarme sólo en tu amor,
descansar en tu amor
y llenarme de la alegría de haber hallado tu amor.
Tu amor es la casa que me tienes preparada;
he sentido tu invitación
y entro en ella sin que me avergüence mi pecado;
sólo deseo habitar en tu casa todos los días de mi vida.

Tú nunca me vas a echar,
sólo me pides que crea en tu amor, 
que me atreva a vivir en tu amor,
Que nunca me falten la humildad y la confianza de los niños;
para que el orgullo y los desengaños nunca me separen de ti
y pueda amarte con todo el corazón
y compartir tu amor con los más pequeños. 

Amén.

Hoy celebramos a san Felipe Neri, el santo de la alegría, el amigo de los jóvenes.



25/5/18

Unidos en el corazón



“Serán los dos una sola carne” 
(Mc 10,8) 

 Éste es el sueño de Dios: 
Una pareja, un proyecto de vida común. 
Desde el amor, la pasión, la entrega y la libertad. 
Nadie dijo que fuera fácil.
Así es el milagro del amor; no conduce al dominio sino a la comunión. 
Ninguna ley humana puede destruir esta igualdad de hombre y mujer querida por Dios. 
Da tu apoyo a las iniciativas que potencien la igualdad en dignidad de hombre y mujer, la complementariedad de sus dones para un mundo mejor. 

Mirar juntos la vida, vivirla juntos. 
Darse más que dar, día tras día. 
Abrazos entrañables, abiertos a la vida. 
Gracias, Señor, por tu amor. 
Gracias, por cada mujer y cada hombre unidos en el corazón.

24/5/18

Dar la vida



«En verdad os digo que no volveré 
a beber del fruto de la vid 
hasta el día que beba el vino nuevo 
en el reino de Dios» 
(Mc 14, 12a. 22-25).

El jueves siguiente a Pentecostés celebramos la fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. 
Jesús inaugura un estilo de sacerdocio nuevo:

- En la última noche con sus discípulos, Jesús hizo un Gesto que resumía toda su vida y daba sentido a su muerte: 
Una vida entregada, amante, servidora, agradecida, reconciliadora, fraternal, sacrificada, continuamente pendiente de lo que el Padre le pedía... y encomendó a sus discípulos que le tomaran el relevo, que vivieran y entregaran su vida como él, que hicieran «aquello mismo» en memoria suya, en su nombre.  
De modo que estamos llamados a convertir nuestra vida en una continua celebración eucarística... que haga posible que, cuando nos reunamos en su nombre, el partir el pan sea expresión de que continuamente nos partimos, compartimos, repartimos y entregamos a los hermanos. 
Cada uno desde su situación existencial, desde su propia vocación y opción de vida, desde su propio ministerio y compromiso comunitario. 

- El sacerdocio ya no es cosa de unos pocos. 
Por el Bautismo, todos tenemos el sacerdocio común, porque todos estamos llamados a ser pan partido y vino derramado, a vivir nuestra vida compartiéndola, dándola, ofreciéndola. 
Al servicio de este sacerdocio común está el sacerdocio ministerial (los presbíteros o “curas”)

- El sacerdocio ya no consiste en separarse de los hermanos, sino en acercarse a ellos con amor, hasta dar la vida.

Pidamos  a María, Madre de los sacerdotes, que interceda por nosotros para que nos presentemos con Cristo como ofrenda agradable a los ojos de Dios y descienda sobre nosotros la gracia que todo lo transforma, eleva, perfecciona y glorifica. 


Hoy no vengo a pedirte nada. 
Solo quiero decirte: gracias.

Señor, Tú eres Sacerdote, sacerdote nuevo,
que ofreciste tu palabra, tu cariño, tu vida,
que sigues ofreciéndote a nosotros en la Eucaristía,
para que todos podamos disfrutar del amor de Dios,
para enseñarnos que sólo el camino del servicio y la entrega
nos conduce a la felicidad más grande, a Dios.

Gracias, Jesús, por todos los sacerdotes
que ofrecen su palabra, su cariño, su vida,
que celebran la Eucaristía y la Reconciliación,
para que todos nos sintamos amados y perdonados,
para que a todos llegue tu luz y tu fuerza,
y recorramos, así, el camino del servicio y la entrega.

Señor, gracias porque yo también soy sacerdote.
Quiero ser agradecido y ofrecer mi vida a Dios;
en cada Eucaristía y cada momento de la jornada,
Me has llamado a entregarme a mi familia,
a mis amigos y compañeros de trabajo, a los pobres…
para que crezca en nuestro mundo la justicia y la paz.

23/5/18

Tiende las manos



“No es de los nuestros” 
(Mc 9,38) 

¿Por qué nos tememos tanto?

¡Qué bien marcamos distancias!
Los malos y los buenos, los creyentes y los ateos, los carcas y los progres, los ricos y los pobres.
¿De dónde nos nace este afán por dividir y trazar fronteras, cuando lo nuevo de Dios es la comunión?
Destruye toda muralla que te impida ver el sol.
Pide al Espíritu el don de poder amar a todos.
Descubre lo valioso en los otros, reconoce la bondad ajena.
No te cierres al que es distinto y tiene otras ideas.
Busca puntos de encuentro, tiende la mano a todos los que quieran luchar contra los demonios de nuestro mundo.
Lo que importa no es estar en el bando “correcto”, sino servir al hombre y aliviar su sufrimiento.


Padre, si todos son tus hijos, ¿cómo es que no son mis hermanos?
Espíritu de amor, recrea la comunión en mi corazón.

No todos están a favor nuestro, ni todos en contra nuestro, Señor.
Aquellos que comparten la misma fe, aunque sean de otro grupo, son de los tuyos, son de los nuestros.
Los que trabajan por la justicia y la paz son de los tuyos, son de los nuestros.
Los que defienden la vida de todos y en especial de los más pobres, de los niños, también de los no nacidos, de los enfermos... son de los tuyos, son de los nuestros.

Ábreme los ojos para descubrir que hay muchas personas (casi todas) que son de los tuyos, de los nuestros.
Gracias por las maravillas que tu Espíritu realiza en el corazón de las mujeres y los hombres
que, aunque no parezcan de los nuestros, aunque abracen otros credos o no crean en Dios,
aunque voten a otros partidos políticos, canten otras canciones y hablen otros idiomas,
están movidas por tu mismo Espíritu.
Gracias, Señor.


22/5/18

Ser servidor de todos


“Quien quiera ser el primero, 
que sea el último de todos 
y el servidor de todos” 
(Mc 9,35). 

Jesús reitera su enseñanza sobre el destino del Hijo del hombre; pero los discípulos no entienden, tienen miedo a que Jesús les sorprenda. 
Lo quieren seguir con el equipaje de sus criterios humanos.
Jesús les explica lo que supone estar con él: tienen que dejar de lado toda ambición, y ser el servidor de todos.
En la misión no van solos, llevan la presencia de Jesús y del Padre.  

Escribe hasta que lo aprenda tu corazón:
SER SERVIDOR DE TODOS
En todo amar y servir... para eso quiero vivir.



Ocupar el primer puesto es ser el primero en servir, en, dejar la vida para que los demás crezcan.


Orar es abrir los oídos a los pequeños, a los que apenas tienen voz en la tierra.

Hoy celebramos a Santa Rita de Casia

“La santa de Casia es una de las numerosas mujeres cristianas que ‘han incidido significativamente tanto en la vida de la Iglesia como en la sociedad’ (Mulieris dignitatem, 27). 
Rita interpretó bien el ‘genio femenino’: lo vivió intensamente, tanto en la maternidad física como espiritual”.
Santa Rita es santa “no tanto por la fama de los prodigios que la devoción popular atribuye a la eficacia de su intercesión ante Dios omnipotente, cuanto por su sorprendente ‘normalidad’ en la vida cotidiana, vivida por ella como esposa y madre, después como viuda y, por fin, como monja Agustina”.

21/5/18

Madre de la Iglesia




SANTA MARÍA, MADRE DE LA IGLESIA, ruega por nosotros.

Hoy celebramos por primera vez a la Virgen María, Madre De la Iglesia. 
Esta memoria la ha introducido el Papa desde este año.
El papa quiere que todos, como la primera comunidad cristiana, nos unamos en oración con María y de ella aprendamos a vivir como discípulos de Jesús.

 María
Niña con el mundo en el alma.
Sutil, discreta, oyente,
capaz de correr riesgos.
Chiquilla de la espera,
que afronta la batalla
y vence al miedo.
Señora del Magníficat,
que canta la grandeza
velada en lo pequeño.
Y ya muy pronto, Madre.
Hogar de las primeras enseñanzas,
discípula del hijo hecho Maestro.
Valiente en la tormenta,
con él crucificada
abriéndote al Misterio.
Refugio de los pobres
que muestran, indefensos,
su desconsuelo
cuando duele la vida,
cuando falta el sustento.
Aún hoy sigues hablando,
atravesando el tiempo
mostrándonos la senda
que torna cada ‘Hágase’
en un nuevo comienzo.


(José María R. Olaizola, SJ)



La fe es un regalo



“Todo es posible al que tiene fe”
(Mc 9,23).  

Jesús siempre se acerca y se deja afectar por los males que aquejan al ser humano. 
Se sorprende ante la fe trabajosa del padre, el estupor y la incomprensión de la gente, y la frustración de los discípulos.
 Jesús indica la fe como condición para curarse, porque para Dios nada hay imposible.  

«Tengo fe, pero dudo; ayúdame.»

La fe es un regalo.
Nunca somos dueños de ella por completo.
La fe es un regalo.
Pedirla con humildad es la única posibilidad.
Aunque nosotros perdamos la fe en Dios,
Él nunca pierde la fe en nosotros.

Orar es confiar totalmente en Jesús que trae la salvación. 

“¡Creo, Señor, ayuda mi fe!”
¡Creo, Señor, pero aumenta mi fe!
¡Creemos, Señor, pero aumenta nuestra fe!

20/5/18

Espíritu que fortalece y vivifica




«Recibid el Espíritu Santo» 
(Jn 20, 19-23).

Hoy es la solemnidad de Pentecostés, la fiesta del Espíritu.
La alegría de la Pascua se hace más plena por el don del Espíritu.

Jesús quiere dar a nuestro pobre corazón el Espíritu del Amor, a nuestra cabeza el Espíritu de Sabiduría, a nuestra débil voluntad, el Espíritu de Fortaleza, y para liberarnos del miedo, el Espíritu de la valentía...

El Espíritu Santo es nuestro defensor, nos la paz, nos hace testigos de su misericordia y su perdón.

Demos gracias a Dios por el don que se nos ofrece y abramos de par en par nuestra vida para que el Espíritu Santo penetre hasta lo más profundo de nuestra existencia. 

Pentecostés: el Espíritu nos mueve, nos hace iglesia, rescata al mundo y nos llena de dones...

...Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos...
¡Ven, Espíritu Santo!

… Ven, Espíritu divino...
Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro.
Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo.

El Espíritu obra el amor.
Vive enamorado, y verás cómo todo cambia.
Vive para el bien y la paz; para la ternura y el compromiso solidario.
Tus ojos se llenarán de luz, y el corazón rebosará alegría.

Hay hermanos que nos transmiten el ruido propio del buen Espíritu.
Sus gestos, palabras o silencios provocan una vibración especial en nuestra alma y alimentan, conmueven, alientan y provocan el anhelo de ponerse las pilas e iniciar una vía nueva, que es propia del corazón.

Todo comenzó con un ruido del cielo, como de un viento recio, que resonó en toda la casa donde se encontraban.
Nació algo único y ese ruido permanece impreso en los nuevos bautizados.
Remueve, alegra, conmueve, sustancia, une, converge, cambia la ruta.
Ha de cuidarse.
La Vida.

Hemos recibido con María la llama que nos llama a vivir encendidos llevando en nosotros su Pentecostés






Espíritu Santo, Tú que llevas adelante la Iglesia, desciende una vez más sobre nosotros, enséñanos la unidad, renueva nuestros corazones y ayúdanos a amar como Jesús nos ha enseñado.

Bienaventurados los que anhelan que el Espíritu Santo venga a ellos.
Dichosos los que abren el corazón de par en par para que haga morada en él.
Felices los humildes que saben que todo es don de Dios.

Qué grandeza para el ser humano poder participar de la misma vida de Dios.
Que nos envíe su propio Espíritu, su aliento que fortalece y vivifica.
Somos afortunados porque somos muy amados.

Silencio. 
Es la hora de los que han sido bautizados en el Espíritu. 
Les toca la profecía, el testimonio, la Palabra, la iluminación de un mundo nuevo.

La acción coordinada y evangelizadora en favor de los pobres que el Espíritu realiza junto a ellos.
Tiempo de renovación.




Tras un día de pronunciar muchas palabras, hay que recalar en la parte trasera, envueltos en silencio.
Y junto al pueblo humilde, que mira asombrado las novedosas posibilidades de la acción liberadora del Espíritu.

“Exhaló su aliento sobre ellos.”
Aliento creador y de vida. 
Aliento de fuerza y valor.
Aliento que sana las heridas.
Aliento que da calor. 
Sólo tú puedes ser mi alegría.
Sólo tú me acompañas en la misión.



Te damos Gracias, Señor Jesucristo Misericordioso,
porque Tú nos traes tu Paz a nuestro corazón,
y nos animas a realizar nuestra misión de cada día,
con la ayuda y la Fuerza de tu Espíritu Santo,
que nos empuja a predicar el Evangelio por el mundo.
Gracias porque Tú nos has llamado a ser tus discípulos
y a ser testigos tuyos en medio del mundo,
y también, porque Tú nos envías tu Espíritu Santo
para fortalecer nuestra fe y para enviarnos
a comunicar con valentía tu Buena Noticia a todos.
Ten Misericordia de nosotros y haz que tu Espíritu Santo
nos ilumine y aconseje, nos guíe y nos impulse siempre
a comunicar a cada persona la alegría del Evangelio,
y venciendo nuestras dudas, temores y debilidades.
Gracias por que tu Presencia nos llena de alegría,
al saber que Tú Vives, y que nos acompañas cada día.
Gracias, Dios nuestro, Bueno y Misericordioso,
porque nos llenas de vida con tu Perdón y Misericordia,
nos entregas tu Paz, y llenas nuestro corazón de tu Amor,
para que lo compartamos con cada hermano nuestro.
Te damos Gracias por el Sacramento de la Reconciliación,
y te pedimos que Tú nos ayudes a acudir a él
cada vez que lo necesitemos, por alejarnos de Ti,
para que, así, nada ni nadie pueda separarnos jamás
de tu Amor, ni de tu Misericordia. 
Amén.




19/5/18

Testimonio




“En la cena se había apoyado en su pecho” 
(Jn 21,20)  

¡Qué importancia tienen para toda la comunidad los que se han sentido amados por Jesús y han buscado frecuentemente su intimidad!
Da apoyo y aliento a todos los que viven con el corazón encogido por el terrorismo.
Busco cada día la intimidad contigo.

Mi corazón, Señor, es para ti.
Gracias por las presencias alentadoras que encuentre entre la gente. 

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque eres bueno
porque tu misericordia es infinita

Has puesto tu mirada en mí, Dios de amor.
¡Que puedo decirte si Tú me conoces del todo!
Me he quedado mudo ante tu presencia
porque soy poca cosa y, sin embargo, me amas.

Al más infiel de tus siervos
muestras tu mirada de amor
y le dices: ¡Levántate! ¡Sígueme!

Y yo, escuché tu voz y confié en ti.
Señor confío en ti, porque tú eres amor,
justicia y misericordia infinita.




18/5/18

Tan solo, sígueme.



"Sígueme" 
(Jn 21,19)  

Estamos llamados a ser hermanos que se cuidan y velan unos por otros con el mismo amor del Padre.
Intenta mirar a cada persona como un hermano, o como a un hijo o como a ti mismo.

Jesús tiene entrañas de misericordia.
No nos humilla aunque le fallemos.
Su perdón llega aun antes que la ofensa.
Sólo quiere que le amemos, aunque caminemos con pies de barro.

A veces, un acto aparentemente insignificante, puede cambiar la vida de una persona.
Lo que cuenta es el amor que ponemos en lo que hacemos, la orientación al bien de cada palabra, cada pensamiento, cada gesto.

Jesús nos conoce y sabe que somos aves de vuelos cortos, aún así nos llama.
Sabe de nuestros miedos, cansancios, tendencia a la comodidad, y aún así nos llama.
Invoca al Espíritu.
Él es quien renueva en ti la espontaneidad de tu respuesta a Jesús. Incluso en los días de tormenta permanece contigo.  

Espíritu Santo, despiértame a una compasión y a una infinita bondad del corazón.  

Si me amas, apacienta mis ovejas.

Resulta fácil caer en la tentación de hacer grandes cosas para demostrar el amor.
Jesús no pide grandes mortificaciones ni ayunos ni...
Pide servicio a los hermanos.
Más hondo que el pecado de Pedro es ahora la confesión de su amor.
Más fuerte que el mal es el bien.
Más fuerte que la guerra es la paz.
Jesús nos invita a caminar con él.
El Espíritu es quien renueva en nosotros la espontaneidad de nuestra respuesta a seguir a Jesús.
Incluso en los días de tormenta el Espíritu permanece con nosotros. 
Jesús es fiel.
Su mirada y su palabra no se alejan de nuestra vista.
Confía en nosotros.
La presencia del Espíritu en nosotros nos despierta a una compasión y a una infinita bondad del corazón.  

 ¡Qué gozo poder decirte cada día:
Tú lo conoces todo, tú sabes que te quiero!
Enséñame a esperar siempre la victoria de tu amor. 
  
Lee de nuevo el Evangelio y sustituye el nombre de Pedro por el tuyo.
 Escucha a Jesús.
Él conoce tus pecados y todas tus buenas intenciones.
Te pregunta, te habla con cariño y espera tu respuesta.
¿Me amas más que éstos?
¿Me amas?
¿Me quieres?
Apacienta mis corderos
Otro te llevará a donde no quieras
Sígueme.



No importa tu fragilidad ... cuento contigo ... haremos grandes cosas juntos.
Tan solo, sígueme.


«Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero.»
Para mí, la confesión de fe más bella que alguien pueda profesar.
Sobran más palabras.

“Señor, tú lo sabes todo,
sabes que te amo con todas las fuerzas de mi pobre corazón,
sabes que soy capaz de jugármela por ti ahora
y gritar que no te conozco dentro de un rato.
Así soy Señor: débil y fuerte a la vez.
Así es mi corazón: valiente y cobarde a un tiempo.
Mis días son cartas de amor y egoísmo barajadas.
Sé que me quieres, Señor,
y que nada ni nadie puede separar tu amor de mi pobreza.
Te doy gracias porque cuentas conmigo Señor
para cuidar a tus hijos, para mostrarles tu amor.
Te seguiré, Señor, envíame,
aunque me ciñan las incomprensiones
y me conduzcan al dolor que menos quiero,
Gracias, Señor, por poder vivir contigo esta historia de amor.”    
    

17/5/18

“Uno”



"Que todos sean uno" 
(Jn 17,21)    



Tu anhelo más profundo.
Que todos sean uno.
Tu oración más sentida.
Que todos sean uno.
Nuestro compromiso más rotundo.

Que todos sean uno.
Nuestra vida más genuina.
Que todos sean uno.
 El Padre nos regala hermanos y hermanas para hacer el camino en compañía. 
Jesús nos desvela la dignidad y belleza de los pequeños de la tierra.
El Espíritu nos desafía a ver si somos capaces de ver en la creación la huella de Dios.

Acoge hoy los dolores y gozos de los pueblos de los que hablan los medios de comunicación. 
Son mucho más que una noticia pasajera. 

Tú, todo lo has dejado vestido de hermosura.
Perdona que a veces no lo sepa descubrir.
Perdona que la suerte de los pobres me sea indiferente.  

Cuando llenas mis velas
e impulsas mi navío hacia adelante,
hacia la luz que surge en el levante,
ella me atrapa y todo lo recrea.

Cuando soplas como el viento de la tarde
y tu presencia me envuelve y me transporta
se rompen las amarras, ya no importa
conocer el camino, Tú lo sabes.

Tú que trazas sendas siempre nuevas
y en las estrellas señalas el camino,
Tú que haces del horizonte mi destino
y arrancas mi bajel de la escollera.

Dame de tu brisa la sabiduría
para escuchar su Palabra y comprenderla
para abrir el corazón y contenerla
y en su Pasión emprender la travesía.

Tú que eres la brisa que besa la mañana
arrancando a las olas su sonrisa,
Tú que eres el manto tibio que suaviza
el frío que me trae la madrugada.

Acaricia con tu voz mi pensamiento
iluminando profecías en mi alma,
lléname de tu paz y de tu calma
y enciende en tu Amor mis sentimientos.

Tú que eres la pureza de una noche limpia
en la que el mapa del cielo se desvela
Tú que eres la luz que en misterio se revela
y das sentido a la historia que inhabitas.

Dame tus ojos para ver lo que Tú quieres
y la mirada que penetra los misterios,
rompe las cadenas de mi cautiverio
y hazme libre para elegir lo que prefieres.


16/5/18

Que sean uno




"Que sean uno, como nosotros" 
(Jn 17,11)    

El Espíritu realiza la unión entre los amigos de Jesús.
Con creatividad y belleza enseña el lenguaje de la comunión, del respeto y del cariño. 
Acércate, habla con la gente.
Colabora con otros para llevar algo a cabo. Haz tuyos los dolores y gozos de los que te rodean. 
Ora y evangeliza en grupo.
Sé iglesia.

Jesús, con mi mano abierta, quiero acoger de todos tu regalo.
 Jesús, con mi mano ofrecida, quiero ofrecerles a todos tu sonrisa.  

Jesús pide al padre para nosotros el don de la unidad.
Cuando estamos unidos, nuestra debilidad se fortalece, anunciamos sin palabras el Reino de Dios, Reino de paz, de fraternidad, de comunión...

Nos unimos a la oración de Jesús pidiendo la unidad para nuestras familias, para nuestros grupos, movimientos y comunidades, para nuestras parroquias y diócesis, para la Iglesia entera, para el mundo.






No es fácil la misión que nos ha dejado Jesús.
Es difícil estar en el mundo sin ser del mundo:
- Es difícil vivir en una sociedad consumista y compartir el tiempo, el saber, el dinero.
- Cuesta mucho devolver bien por mal en un mundo tan violento.
- Es casi heroico vivir el amor limpiamente en medio de un ambiente plagado de estímulos eróticos.
-  Cuando ha crecido tanto el individualismo a nuestro alrededor, resulta difícil dar la cara por los demás.
- En un mundo lleno de ruido, de prisa, de incomunicación, cuesta hacer hueco al silencio, al sosiego, a la oración.
¿Cómo vives estar en el mundo sin ser del mundo?
Cuéntaselo a Dios.
Pídele fuerza para ser fiel, para que seamos fieles.

Señor, ayúdanos a estar en el mundo,
sin miedo a mancharnos o a equivocarnos,
sin contagiarnos de sus miserias;

Ayúdanos a emplear el dinero y todo lo que tenemos
sin convertirlo en un dios, con espíritu generoso.

Ayúdanos a convivir con las personas y los grupos
sin utilizar a nadie, con espíritu fraterno.

Ayúdanos a esforzarnos en el estudio y el trabajo,
sin buscar únicamente el dinero, con espíritu solidario.

Ayúdanos a disfrutar de la diversión y la fiesta,
sin perder la cabeza, con espíritu alegre.

Ayúdanos a participar en la política y en la economía,
sin buscar nuestro interés, con espíritu de servicio.

Ayúdanos a utilizar las nuevas tecnologías,
sin depender de ellas, con espíritu de encuentro.

Ayúdanos a apostar por la familia y por la Iglesia,
sin encerrarnos en ellas, con espíritu universal.

Ayúdanos a aportar nuestras ideas y propuestas
sin condenar a nadie, con espíritu humilde.

Señor, ayúdanos a estar en el mundo,
contagiando el amor y la esperanza que Tú nos das
y aprendiendo de todas las personas de buena voluntad.
Amén.


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En Ti vivimos, nos movemos y existimos,
atmósfera divina que todo lo contienes,
eres el oxígeno que en el Amor mantienes
a los hombres que llamaste a tu servicio.

Tú eres el aliento de la oración enamorada,
el soplo de infinito que envuelve con su encanto
los rezos, las lágrimas, la adoración y el canto
de las alabanzas que levanta la alborada.

En Ti la gracia y la ilusión nos hacen niños,
recuperando la paz y la confianza,
caminando de su mano en la esperanza
de abrazarnos a su cuello con cariño.

Eres la serenidad después de la tormenta,
la calma que en su amor sosiega el alma;
ternura de una madre en que se calma
la inquietud de caminar hacia su meta.

En Ti la unción se derrama sin medida,
la consagración florece en alabanza,
las manos se tienden con confianza
y del dolor pasado brota nueva vida.

Eres el defensor y el abogado prometido,
el enviado que congrega y que nos sacia
del agua viva que nos lava en su Palabra
y en la trinidad nos mantiene sumergidos.

Eres el manto tierno de la misericordia
que envuelve las horas de mi vida,
el bálsamo de suavidad que sana las heridas,
el amor divino en la trama de mi historia.

En Ti Jesús es compañero de camino,
su verdad penetra la inteligencia y la memoria;
su vida misma es anticipo de la gloria
y la santidad enamorada es mi destino.

En Ti proclamación se hace martirio,
La muerte es absorbida en la victoria,
Las cosas de este mundo se vuelven ilusorias
y el Reino del Amor se hará definitivo.

15/5/18

Jesús ora por ti




“Te ruego por ellos… 
Todo lo mío es tuyo y lo tuyo mío" 
(Jn 17,9.10)

Alguien ha dicho que un creyente es un enamorado, alguien que se ha enamorado de Dios.
Si le pides que te dé razones de su amor, quizá no logre hacerlo, no porque no tenga razones o no las haya pensado, sino porque tendrá tantas que se le amontonarán en la boca y no podrán salir.

Conocer a Jesús no nos puede dejar indiferentes, como no es indiferente el hombre ante el amor de su esposa, o de su novia.

- Señor mío y Dios mío.

Jesús está hablando con el Padre, en una apertura confiada. 
Habla de su vuelta a los brazos del Padre, que es lo que más le agrada.
En su empeño por abrir los oídos sordos para que escucharan la salvación, y de levantar a todos los caídos para que descubrieran su dignidad de hijos, ha manifestado la gloria y el proyecto del Padre. Jesús ora por los que permanecen en él y le dan su adhesión incondicional. 
Jesús ora por ti. 
Siéntelo, grábalo en tu corazón. 

Tu cariño me conmueve, Señor.
¡Gracias!
Metes mi vida en tu lenguaje de amor trinitario.
¡Gracias!  
Jesús, todos estamos en tu corazón y en el corazón del Padre, somos un regalo que mutuamente os habéis hecho. 
Somos miembros de una misma familia.
Que nuestro rostro y en nuestro obrar brille la gloria de Dios que nos habita.  



SAN ISIDRO LABRADOR.
Ejemplar y de buen corazón
nos invitas, lejos de perdernos en la tierra de cada día,
a mirar más allá del simple arado o dulce siembra.
Danos, San Isidro, ilusión por el trabajo del alma
Encontrar, en la oración,
el mejor arado para nuestra vida de piedad
Saber que, en la lluvia de la Gracia,
es donde está el futuro de nuestra existencia
Ayúdanos, con tus manos curtidas,
en afanarnos no solamente por el alimento de cada jornada
sino, también, en acariciar soñando
la hacienda que nos aguarda
más allá del áspero surco del día a día.
Tú que, cavaste pozos buscando el agua,
haz que también broten de los manantiales de nuestro vivir
el agua fresca de la caridad para los que necesitan
la tibia para los que sufren
y la de la fortaleza para los que dudan.
Tú, que en luces del alba, acudías hasta el sagrario
empújanos a postrarnos, y no permanecer de pie,
ante el que siendo Rey de Reyes,
no dudó en arrodillarse ante nuestra débil humanidad.
Tú que tuviste a los animales como confidentes y amigos
ayúdanos a que, nunca las mascotas,
sean más importantes que la vida que gime en un vientre humano.
Tú, que supiste de engaños y de traiciones,
de mentiras y de envidias, de celos y de habladurías
inspíranos un corazón dulce y afable
para soportar la contrariedad cuando, sabemos,
que tarde o temprano asomará y amanecerá la verdad.
Ayúdanos, San Isidro, a cuidar la espiga de la fe
para que, cuando Dios aparezca a por la cosecha,
la encuentre dorada y en su punto
y fortalecida por la Palabra, la justicia,
la alegría, la esperanza y el ansia de vida eterna. Amén.