20/4/18

Pan que se rompe




"El que come este pan vivirá para siempre" 
(Jn 6,58) 

"Ese hombre es un instrumento elegido por mí para dar a conocer mi nombre" (Hch 9,15).

Como a Pablo también nos envías a ser instrumentos de tu amor en el mundo.




Jesús soñó los sueños de Dios: preparar un banquete para todos.
Y era su vida entregada la que estaba sobre la mesa.
En la eucaristía había mucho amor por medio.
Pon algo tuyo en medio para que los más pobres y orillados se beneficien. 
Los mejores amigos de Jesús han hecho de sus vidas un banquete, con platos generosos para todos.        

Porque elijo el camino de la vida, acudo a tu fuente.
Porque quiero crecer en el amor, como tu pan en la mesa.
¡Gracias, Jesús, por la eucaristía!    
  
Pan.
Pan de eternidad.
Pan de comunión.
Pan de vida nueva.
Pan de Dios.
Pan.




Pan que se rompe.
Pan que hermana.
Pan que se reparte.
Pan que sacia.
Pan.
Así, pan.






El Señor nos bendice con el don de la fraternidad.
Más allá del tiempo y la distancia, de diferencias personales, errores, tibiezas y descuidos, de nuestro frágil barro, que a veces se rompe, nos unen las manos del Alfarero, y nos configuran en un mismo Cuerpo.
Gracias

Me cuesta aceptar que por miedo a molestar renunciemos a la lógica del servicio, de la misericordia o del Reino.
Léela, reléela y déjate transformar por ella.
¡Adelante!

Señor, gracias por ser nuestro pan,
porque te dejas comer por nosotros,
porque nos ofreces tu vida entera
para que vivamos por tu Amor,
como Tú vives del Amor del Padre.

Danos, cada día, sabiduría y humildad,
para no vivir de mí y de mi vanidad;
de mis deseos de poder y de poseer,
de la satisfacción de mis caprichos;
para vivir de Ti y de tu Amor;

Que cada día, Señor, sepa acoger,
como un mendigo que se sabe afortunado,
tu Luz, que me ayuda a ver la verdad y la mentira,
tu Fuerza, que me sostiene,
tu Palabra, que me recuerda quién soy y para qué he nacido,
tu Mano, que me defiende,
tu Sabiduría, que me conduce a la Vida,
tu Mirada, que me da la Paz que a veces no tengo,
tu Eucaristía, tu pan y tu vino,

que alimenta mi hambre de amor y de alegría.
De entregar mi tiempo y mi vida entera,
como Tú y siempre contigo.
Amén.

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Cristo conmigo,
Cristo dentro de mí,
Cristo detrás de mí,
Cristo delante de mí,
Cristo a mi derecha,
Cristo en mi casa,
Cristo en mi camino,
Cristo en mi puesto de trabajo,
Cristo en todos los ojos que me ven,
Cristo en todos los oídos que me escuchan,
Cristo en la boca de todo aquel que me habla,
Cristo en el corazón de todo aquel que piensa en mí,
Cristo conmigo y yo con Cristo.
Siempre y en todas partes.

Atribuido a san Patricio
 


19/4/18

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"Todo el que escucha 
lo que dice el Padre y aprende, 
viene a mí" 
(Jn 6,45)  

"Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado".



Muéveme, mi Dios, hacia ti.
Que no me muevan los hilos de este mundo.
Muéveme, atráeme hacia ti desde lo profundo.





Hay que dar pan al hambriento; dar a conocer a Jesús a quien tiene hambre de Dios; la Buena Nueva a quien está triste, cansado, en tinieblas.
Abrir las puertas a quien busca.
Buscar al que está perdido.

Que la luz de Dios se cuele por nuestras grietas, nuestras heridas y nos inunde de nueva vida.
Que el Espíritu de Dios nos impulse a caminar unidos.
Que, como un viento recio, barra toda la iniquidad del mundo.

Siempre disponibles ante el reto emocionado de ser humildes, cordiales y serviciales.
 Siempre entusiastas ante el reto de estar pacificados y sonrientes.
Siempre dispuestos a soportar el sufrimiento ante el reto de ser valientes, conscientes y auténticos.
Siempre de Cristo.


El Padre y el Espíritu cantan un bonito proyecto de amor por el ser humano.
Quien escucha estas canciones se adhiere a Jesús y camina con Él hacia un mundo nuevo.
Pasa hoy por la vida haciendo el bien, es la mejor manera de decir a todos que vas con Jesús.

No quiero perseguir el viento, 
solo quiero ir contigo, 
Jesús, vibrar al ritmo de tu corazón. 
¡Juntos andemos, Señor!   


La mesa está llena.
Se sirven manjares exquisitos:
la paz, el pan,
la palabra
 de amor
 de acogida
 de justicia
 de perdón.



Nadie queda fuera,
que si no la fiesta no sería tal.
Los comensales disfrutan
del momento,
 y al dedicarse tiempo
 unos a otros,
se reconocen,
por vez primera, hermanos.

La alegría se canta,
los ojos se encuentran,
las barreras bajan,
las manos se estrechan,
la fe se celebra…

…y un Dios se desvive
al poner la mesa. 

 (José María Rodríguez Olaizola, sj) 

18/4/18

¡Que tengamos vida!


"Esta es la voluntad de mi Padre: 
que todo el que ve al Hijo 
y cree en él, tenga vida eterna" 
(Jn 6,40)  




Este es el amor de Dios: ¡que tengamos vida!

Este es el amor de Dios: ¡que tengamos su vida!
Este es el amor de Dios: ¡que compartamos la resurrección del Hijo!




La hierba verde en el valle indica dónde se esconde el agua. 
La vida, desplegándose como un bello arco iris después de la tormenta, desvela la presencia de Jesús. 
Piensa que tu vida es como una fuente. 
Si te guardas el agua, ésta se corrompe. 
Si la das, tu pozo se convierte en un surtidor inagotable.        
Padre, canto tu proyecto de dar vida. 
Jesús, te miro y creo en Ti. 
Espíritu creador, recrea en el mundo la vida.  

17/4/18

Lo recibimos gratuitamente y lo damos gratuitamente




"Yo soy el pan de vida. 
El que viene a mí no tendrá hambre, 
y el que cree en mí no tendrá sed jamás" 
(Jn 6,35)  
 

¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti?”
Pedir signos, certezas, garantías, seguridades...
Tan humano como poco cristiano.
La fe, al igual que el amor y/o la amistad, es una cuestión de confianza, de gratuidad.
Es el riesgo de la fe.

¿Qué signos de credibilidad pide el hombre de hombre de hoy?
Signos de libertad.
Signos de compromiso con los oprimidos.
Signos de coherencia entre fe y vida.
Signos de pobreza y compromiso.
Signos de sencillez y no de exhibicionismo.


No hablemos mucho, pero vivamos mucho.
Que nuestras vidas sean las que hacen creíble a Jesús.

“No fue Moisés, sino que es mi Padre el que da el verdadero pan del cielo”.

«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».


Sólo cabe responder...
¡Señor, danos siempre de ese pan!

No te canses nunca de pedir este Pan:
"Señor, danos de ese pan".
Que esta sea nuestra súplica e invocación este día y siempre.
"Señor, danos siempre de este pan". ...y conviértenos en pan para el que tiene hambre de alimento, alegría y vida.

Pan para vivir, pan buscado con pasión, pan guardado y acumulado, pan arrebatado a los más pobres.
El pan de Jesús, que expresa el amor de Dios, siempre es pan nuestro.
El pan que Jesús nos da expresa el amor de Dios creador.
No puede quedar encerrado en nuestro propio interés.
El pan está llamado a ser siempre pan nuestro, experiencia compartida, amor que se extiende.
Porque el pan es el mismo Jesús, don continuo del amor del Padre a la humanidad.
Participa en la eucaristía, la fiesta del pan partido y repartido de Jesús.
Haz de tu vida una eucaristía, partiendo y repartiendo tus dones.        

Enséñame, Señor, que el pan y el perdón son caminos de ida y vuelta.
 Los recibimos de Ti gratuitamente y los damos también gratuitamente. 


16/4/18

¿Por qué creemos?



"La obra que Dios quiere es ésta: 
que creáis en el que Él ha enviado" 
(Jn 6,29)  

 “Os lo aseguro, me buscáis... porque comisteis pan hasta saciaros.”
Por el interés te quiero Andrés.
¿Cómo pasar del egoísmo a la gratuidad?
¿Cómo discernir y depurar las motivaciones que nos llevan a decir que somos creyentes?
En el fondo, ¿por qué creemos?
¿Tú, realmente, porque sigues a Jesús?
Una pregunta que todos tendríamos que hacernos cada día.
¿Por qué somos cristianos?
¿Por qué creemos en Dios?
¿Por qué seguimos a Jesús?
¿Por qué seguimos en la Iglesia?

Necesitamos conocer las motivaciones de nuestra fe.
Porque, como dice San Pedro, “es preciso dar razón de nuestra esperanza al que nos lo pide”.

¿Es realmente Jesús la razón de nuestra fe?
¿Es realmente Jesús la razón de nuestra esperanza?
¿Es realmente Jesús la razón de nuestra pertenencia a la Iglesia?

Tenemos que ser cristianos que cada día veamos los signos de Dios en nuestras vidas.

"Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna".
Aquí tienes mis manos, mi vida.
Quiero trabajar por tu reino.







Jesús comunica la intimidad de Dios, invita a apoyarnos en su visible testimonio.
La fe es gracia y tarea, luz para las crisis, canción a la fuente que mana en la noche.

Siempre que puedas, oye la fe de los que viven en tu comunidad cristiana y comparte la tuya con sencillez.
La brasa se hace llama cuando alguien sopla sobre ella.        
Creo en ti, Señor Jesús.
Espero en ti, Señor Jesús.
Te amo.  

15/4/18

Hemos visto al Señor




“Así está escrito: el Mesías padecerá 
y resucitará de entre los muertos al tercer día”.
(Lc 24, 35-48)


Seguimos celebrando con alegría el Tiempo Pascual.
En nuestra alegría y servicio a los demás se transparenta que es Pascua de Resurrección.
 Jesús Resucitado se hace presente entre los primeros discípulos y les da su paz. 
“Paz a vosotros.”
Esa paz del corazón.
Paz que es presencia y todo lo llena.
Paz que, en el dolor, consuela y serena.
Esa paz.

A ellos se les va abriendo la mente al partir el pan y al ver las llagas de sus manos. 


De este modo pasan a ser testigos de lo que han visto y oído. 

Reciben así una nueva identidad, ser creyentes, y una misión, contar y narrar sus vivencias de Jesús y su nueva presencia en medio de ellos. 
Esta experiencia de la Resurrección, es lo fundamental de la comunidad cristiana, y que se hace presente en la Eucaristía, escuchando su Palabra y comiendo su Pan. 



Dios Padre, danos entendimiento para comprender lo que dicen las Escrituras de nuestra vida.
Cuando sufrimos, la Escritura nos recuerda que compartes nuestro dolor y nos das tu consuelo.
Cuando no sabemos qué hacer, la Escritura nos dice que Jesús es el camino, la verdad y la vida.
Cuando nuestro corazón se llena de alegría, la Escritura nos recuerda que Tú ríes con nosotros.
Cuando nos cansamos de trabajar, de hacer el bien, la Escritura nos anima a seguir, apoyados en Ti.
Cuando nos equivocamos y pecamos, la Escritura disipa nuestro orgullo y nos ayuda a pedir y a recibir tu perdón.
Cuando no vemos el fruto de nuestro esfuerzo, la Escritura nos recuerda todas las semillas algún día darán el treinta, el sesenta o el ciento por uno.
Cuando nos sentimos satisfechos de lo realizado, la Escritura nos recuerda que hemos hecho lo que debíamos hacer.
Cuando nos creemos mejores que los demás, la Escritura nos recuerda que, si estamos libres de pecado, tiremos la primera piedra.
Cuando nos sentimos solos y despreciados, la Escritura nos recuerda que somos preciosos a tus ojos y que, aunque nuestra madre nos olvide, Tú jamás nos olvidarás.
Cuando nos faltan los ánimos, la Escritura nos recuerda que hemos recibido al Espíritu Santo. Él es nuestra fuerza, nuestro defensor, nuestro guía.

Cuando vivimos encerrados en nuestro egoísmo, la Escritura nos dice que Tú nos esperas en los enfermos, los pobres, los pequeños, los indefensos.
Cuando nos critican por buscar la verdad y la justicia, la Escritura nos recuerda que lo mismo les ocurrió a los verdaderos profetas y a Jesús.
Cuando la cruz y la muerte nos acechen, la Escritura nos recuerda que tu amor es más fuerte que el sufrimiento y que nos preparas una vida eternamente feliz en tu casa del cielo.


14/4/18

No temas




"Soy yo, no temáis" 
(Jn 6,20).    

La comunidad de Jesús hace suyos los miedos de la humanidad.
Pero el temor puede paralizar su vida, o hacerle mirar para otra parte.
Jesús se hace presente en el corazón de la noche.
Ni siquiera el mar agitado le hace ausente, porque él se sienta por encima de todo aguacero. 
Con su presencia ilumina las conciencias por medio del amor.  

Abrazo compasivo mis miedos y los pongo ante tu mirada, así poco a poco, brota la confianza escondida en el interior.  

Vimos la fe en comunidad.
Somos diversos y hay que conciliar las diferencias.
Para estar en comunión, Cristo ha de estar siempre en el centro de nuestra vida.
La unidad, es don y es tarea en la que hemos de embarcarnos cada día.


Alégrate.
No temas.
Siempre hay esperanza para quien tiene fe.
La vida a veces nos sacude y nos acobarda.
Pero no estamos solos.
Jesús nos da su Espíritu para vencer los miedos y llenarnos de confianza.

“Soy yo, no temáis.”
Ese “soy yo”.
La cercanía y la familiaridad.
La confianza, la seguridad.
Ese “soy yo”.
El saberse acompañado.
Conocido, amado.
Ese “soy yo”.

Yo te creé por amor en las entrañas de tu madre.
Te protegeré hoy y todos los días de tu vida.
No temas, porque no me alejaré de ti, mis pasos no se separarán de los tuyos,
también cuando el viento sople y tu barca corra peligro de hundirse.

Te protegeré, hasta cuando tú no me sientas cercano.
Te protegeré, también cuando te alejes de mí.
Te protegeré cuando hagas daño a tus hermanos, mis hijos, y me hagas sufrir.
Te protegeré incluso cuando te sientas probado y machacado.
Te protegeré hasta cuando veas sufrir con impotencia a las personas que quieres.
No temas. Siempre estaré contigo. Te lo prometo.
No seas orgulloso. Acércate a mí. Déjate proteger.

No temas. Nunca dejaré de mirarte. Te miraré con cariño, con comprensión.
Te miraré, como una madre mira a su hijo recién nacido.
Te miraré, como un padre que espera que su hijo le diga “papá”
Te miraré, para que siempre que vuelvas tus ojos hacia mí
encuentres los míos mirándote, sonriéndote, acogiéndote, amándote.
Mírame como un niño, feliz y seguro, cuando su padre lo mira.

No temas. Confía en mí. Nunca te defraudaré.
Y comparte tu paz y tu esperanza con los que tienen miedo.


13/4/18

Hacernos pan de Jesús





"Jesús tomó los panes, 
dijo la acción de gracias 
y los repartió" 
(Jn 6,11)  

«¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?»
Como si de nosotros dependiera salvar el mundo.
Haremos sólo y todo cuanto esté en nuestras manos.
Porque cuando nos envías tú vas delante nuestro.
Es más, ya estás allí.
Cuando volvemos ya nos estás esperando.

"Aquí hay un muchacho 
que tiene cinco panes de cebada 
y un par de peces"




Hacen falta gentes que multipliquen sus 5 panes con su entrega, que pongan sus 2 peces al servicio de los demás.





Jesús rompe el pesimismo de los discípulos y pone en marcha la fiesta del compartir.
Un humilde gesto hace llegar el amor del Padre a todos; comienza la fiesta del Espíritu. 
Continúa hoy el gesto de Jesús: comparte tu vida con los demás.
Verás cómo aparece el milagro y se asoma Dios.
Haz la prueba.          


Te doy gracias y descubro que todo es gracia.
Te doy gracias y descubro   que todo es para todos.  


Jesús es el Pan del cielo que sacia todas las hambres.
Pan de los pobres, alimento humilde que reconforta y fortalece.
Pan de vida que se reparte, generoso, sin medida.
Cristo se hace por amor Eucaristía.

La Eucaristía es el sacramento del pan que crea la comunión.
Y comulgar es convertirnos a nosotros en sacramentos vivos de Jesús que también nos hacemos pan de los demás.
Ser cristiano es “comer del pan de Jesús”.
Ser cristiano es “hacernos pan de Jesús”.

Ser cristiano es “dar de comer al hambriento”.
Jesús no nos pedirá cuentas de cuán grandes eran nuestros graneros, ni de cómo ha sido la cosecha, sino “si hemos dado de comer al hambriento”.



El pan más sabroso es aquel que compartimos con el que no tiene pan.

Señor Jesús,
gracias por tu corazón compasivo,
un corazón que nunca pasa de largo
que siente nuestras hambres más profundas
y nos ofrece gratis el mejor alimento.

Jesús Resucitado,
gracias por compartir con nosotros
el pan bendito de tu vida nueva,
el vino bueno de la alegría eterna,
el agua fresca de la esperanza cierta.

Señor nuestro,
danos un corazón como el tuyo,
un corazón cercano y generoso
para compartir el pan, el vino y el agua
con todos los hambrientos del camino.



12/4/18

Todo en sus manos




"El que Dios envió habla las Palabras de Dios 
porque no da el espíritu con medida" 
(Jn 3,34).    

“Dios ha puesto su Palabra en la boca de los hombres para que sea comunicada a otros, .... el cristiano necesita de otro cristiano que le transmita la Palabra de Dios” 
(Dietrich Bonhoeffer, La Vida Juntos).


Dios se nos da a lo grande, por eso su presencia conmueve el mundo y hace brotar en todo desierto la esperanza.
 Jesús nos da el Espíritu sin medida, a manos y corazón llenos. 
En este derroche de gracia descubrimos lo que Dios quiere de nosotros.          

Orar es saber que el agua del Espíritu vivifica y alienta toda semilla que  ponemos cada día en los surcos del mundo.   

Queremos darte gracias, Señor,
por las oportunidades que nos das
para crecer en nuestra Fe, paso a paso,
sintiéndonos parte de este pueblo que confía en Ti.

Te damos gracias
porque has bendecido nuestra vida
y notamos tu presencia de Resucitado
en la gente que nos rodea
y en las muchas oportunidades que nos das
para vivir nuestra Fe
en medio de una sociedad que, con tanta facilidad, te olvida.

Haz que esta alegría que hoy sentimos
se prolongue y se propague
como lluvia que moje nuestra vida y la de todos.
Haz que seamos testimonio para oros,
ánimo y soporte para los desfallecidos
y que entre nosotros llevemos el sello de tu amor.
Que empeñemos nuestra vida
en seguir fielmente las huellas de Jesús,
quien dio su vida por cada uno de nosotros,
para que nosotros aprendamos también a entregarla.

No nos abandones, Señor, en este empeño
y danos siempre un corazón agradecido.


11/4/18

Palabras de vida



"Tanto amó Dios al mundo 
que entregó a su Hijo único 
para que no perezca ninguno 
de los que creen en él, 
sino que tengan vida eterna". 
(Jn 3,16)

Y todo... por amor.
¿Cómo alcanzar a “comprender”, cómo acoger, cómo contemplar, cómo hacer vida en mí estas palabras si Tú no me lo concedes?

Palabras de vida.
Palabras que ponen luz en las tinieblas.
Palabras que rescatan de la miseria.
No dejes de pronunciarlas con tus labios, con tu vida, con tu corazón lleno de esperanza.

Vivir con sencillez, con la conciencia despierta y a la luz del Evangelio.
Dejar que en el corazón cale poco a poco la misericordia de Dios y lo convierta.
Buscar el bien.
Beber una y otra vez de la Fuente de Agua Viva que nos hace renacer.

"El que realiza la verdad, se acerca a la luz" 
(Jn 3,21)    

La humanidad está gimiendo a la espera de que aparezcan hombres y mujeres de verdad, transparentes, con la luz en el corazón y en los ojos.

La humanidad espera que surjan personas con los ojos de Dios, capaces de mirarlo todo y a todos como Él lo mira.
Cultiva hoy los gestos sencillos y las palabras de verdad.
Son un don del Espíritu, una tarea por tu parte, un regalo para los que te rodean.          

Te dejo espacio y Tú transformas mi vida.
Busco la verdad y Tú me llenas de luz.
Se extiende el gozo de ver salir el sol.    

Padre, tanto nos amaste que no te reservaste ni a tu propio Hijo Jesús y nos lo enviaste, para rescatarnos de nuestros pecados, miedos y soledades, con la fuerza de su amor, de tu amor.

Padre, tanto nos amaste que Jesús, tu Hijo, se hizo humano como nosotros, se sometió a la limitación del tiempo, a los rigores del frío y el calor, el hambre y el fracaso, la cruz y la muerte.

Padre, tanto nos amaste que Jesús, tu Hijo, nos regaló su Palabra para convencernos de que en tu corazón sólo hay amor, compasión y perdón.

Padre, tanto nos amaste que Jesús, tu Hijo, curó enfermos y resucitó muertos para mostrarnos que el amor es más fuerte que el mal y la muerte.

Padre, tanto nos amaste que Jesús, tu Hijo, quiso quedarse entre nosotros en el pan de la Eucaristía, en la luz de su Palabra, en la comunidad de los creyentes, en el corazón de todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

Padre, tanto nos amaste que nos envías a muchas personas buenas, que nos invitan a seguir el camino de la verdad, la justicia, el amor y la entrega.

Padre, tanto amas a la humanidad que me llamas a mí, pobre criatura tuya, y me envías para que sea portavoz de tu Palabra y portador de tu amor.

Gracias, Padre, por tanto amor. 
Mil gracias, Padre.



10/4/18

Nacer de nuevo



"De lo que hemos visto damos testimonio" 
(Jn 3,11).   

Testigo es el que vio.
Testigo de Dios solo podrá ser aquel que vio a Dios.
Solo podremos dar testimonio de Dios, luego de encontrarnos con él en el silencio de la oración que es donde Dios se deja ver y sentir.
Antes de hablar de Dios, encuéntrate con él.
Antes de anunciar a Dios, es preciso verlo primero.  

Quién no quisiera a veces nacer de nuevo.
El Espíritu de Dios nos ha sumergido en su misterio.
Formamos parte de Él.
Somos, en Cristo, criaturas nuevas.
Y cada vez que renovamos la fe, renacemos.


"Tenéis que nacer de nuevo".

Resucitar es volver a nacer con aquel corazón de niño que está escondido en algún lugar de nuestro interior.




NACER DE NUEVO
Nacer de nuevo.
A la alegría y a la risa contagiosa.
Nacer de nuevo.
Incluso con gritos y con dolor.
Nacer de nuevo.
A la confianza y a la amistad cuidadosa.
Nacer de nuevo.
Abrir las puertas y respirar a pleno pulmón.

La comunidad cristiana es el grupo que mira a Jesús.
Por encima de todas las voces y ruidos, escucha el sonido de su palabra de vida.
Todos los bienes le vienen de mirar al que es la fuente de vida.           

Por estar en contacto con Jesús, sus amigos abren caminos de confianza   en las noches de la humanidad.     


Señor, me esfuerzo cada día por seguirte, aunque muchos de mi amigos pasen de Ti.
Busco la verdad y la justicia, como Nicodemo.

Y Tú me pides algo desconcertante: "nacer de nuevo".
¿Nacer de nuevo a mi edad, Señor?
¡A duras penas consigo corregir mis defectos, como para "nacer de nuevo"!
Pídeme, Señor, que comparta algo con los pobres.
Pídeme, Señor, que asuma algún compromiso.
Estoy dispuesto a hacer cosas por ti y por los demás.

Pero no me pidas "nacer de nuevo".
No sé qué es "nacer de nuevo".
No sé cómo podría "nacer de nuevo".
Me resisto a "nacer de nuevo", aunque intuyo que ese es el verdadero camino.
Rompe las rutinas, las seguridades, los apegos que no me dejan "nacer de nuevo".
Ayúdame a entender que yo solo no puedo "nacer de nuevo".
Nadie puede darse a luz a uno mismo.
Sólo Tú, sólo tu Espíritu, sólo tu Amor pueden hacer posible que yo "nazca de nuevo".
Ayúdame, Señor, a abrirte mi corazón de par en par.
Ayúdame a dejarme conducir por tu Espíritu.
Ayúdame a dejarme transformar por tu Amor

9/4/18

El sí de María




“Concebirás en tu vientre 
y darás a luz un hijo” 
(Lc 1,31)     

Alégrate con María.
En ella floreció Jesús, el Salvador.
María te invita a elegir la luz, a elegir la vida.
María te regala al Dios con nosotros.
Ábrete al Espíritu, él fortalece tu debilidad para que puedas decir sí.     

Yo soy, Señor, lo que tú dices de mí.
Yo soy, Señor, lo que tú me amas. 


La Palabra se hizo carne gracias al sí de María.
También nosotros decimos: hágase en mí.




Preciosa manifestación de la fe de María: "hágase".
Hágase en mi según tu palabra, hágase en mi según tu sueño, hágase en mi según tú quieras, hágase en mi, Señor.

La vida es un misterio y nos da sorpresas.
Es necesario estar abierto a la novedad y al cambio.
Vivir confiando en que todo es para bien de los que aman y son amados por el buen Padre Dios.

El Señor está con María, estuvo con Jesús y está con nosotros.
Ante nuestros miedos, no estamos solos.
Ante nuestros sufrimientos, no estamos solos.
Ante los momentos difíciles, no está solos.
Ante nosotros mismos, no está solos.

Dios sigue buscando hoy corazones como el de María, dispuestos a fiarse completamente de Él.


Gracias a la gente que, como María, cree, confía y se entrega porque sí, porque sienten que eso es lo que han de hacer.
No necesitan grandes reflexiones ni razones repensadas.
El corazón les habla y ellos hacen dejándose hacer.
Y así crecen y hacen crecer la vida y la fe.

MARÍA, hija predilecta de Dios-Padre,
y que esperaste, con fe sencilla y profunda,
que ese tu Dios llevara a cabo su plan de salvación.
Y, además, no te importó convertirte en su “sierva feliz”,
porque te sentías segura de sus proyectos.

Concédenos, Madre, admirarte como hijos enamorados
e imitarte en tus actitudes de vida,
seguros/as de que podremos experimentar
los gozos y las alegrías que tú misma viviste,
y que, seguro, tú deseas que tengamos la suerte de disfrutarlas,
para que caminemos en la vida
con la seguridad que nace de esa experiencia,
y hacemos nuestro la FIESTA del SÍ
que tú la viviste de forma tan profunda.