ATARDECER

ATARDECER
Remar mar adentro

18/10/17

Estoy dispuesto


“Está cerca de vosotros el reino de Dios” 
(Lc 10,9)
  
Todo mensajero prepara caminos, abre brechas al Misterio.
Todo mensajero anuncia que Dios está cerca.
Todo mensajero proclama que el amor de Dios está a la puerta, buscando quien lo acoja. Recógete en tu interior, habita la morada más honda de tu vida, despierta tu fe para entrar en la presencia del Dios que te habita, abre tus manos y ofrécele tu vida.
Qué cerca estás de mí, más que yo mismo!  

Cuando me asomo al brocal de mi pozo, veo tu rostro y el mío. ¡Gracias, mi Dios, por esperarme tanto!

Celebramos la fiesta de San Lucas.

Un día sintió la llamada de Jesús, que quería confiarle una misión.
Puedo recordar las llamadas que a lo largo de la vida he recibido y dar gracias por ellas. 
Y preguntarme: ¿a qué me llamas ahora, Señor?
Para Jesús el mundo no es un negocio que explotar, ni un espectáculo que contemplar, ni un peligro que destruir. 
Para Jesús, el mundo es una mies, un campo necesitado de trabajadores. 
¿Cómo miro el mundo?
¿Cómo miro a las personas?
    "Transforma mi mirada egoísta, Señor"
    "Gracias Señor por compadecerte de mis miserias"
    "Señor, enséñame a mirar como tú me miras"

Pedid al dueño de la mies que envíe trabajadores a su mies.
Pedid a Dios que envíe laicos que transformen el mundo, sacerdotes que sirvan a las comunidades cristianas, religiosos y religiosas que nos recuerden la absoluta grandeza de Dios. 
Pedid y escuchad la llamada de Dios.
Escuchad y llamad a otras personas.

Señor, nos has llamado de nuevo.
No por ser los mejores, ni los más listos, ni los más fuertes. 
Nos llamas porque nos quieres, porque quieres hacernos felices.
Confiaste en nosotros, te vuelves a fiar, a pesar de que no lo hicimos todo bien.
Nos llamas y nos envías:
¡Poneos en camino!

Tenemos miedos y a veces nos cansamos, nos asalta la duda, la tentación y no encontramos sentido al trabajo.
Mucha gente no nos entiende, nos crítica y llega el desánimo.
Tú nos lo habías advertido:
“Os envío como ovejas en medio de lobos”.

Danos una mirada limpia para ver el mundo como Tú lo ves: como un gran campo que necesita obreros, brazos dispuestos a trabajar, corazones abiertos para amar, pies que acorten las distancias…


Nos dices:
“No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias”.
Lo importante es que te llevemos a Ti, que sintamos la alegría de ser tus amigos, que transmitamos, con la humildad de sentirnos pecadores, que Tú estás cerca y que contigo llega la Paz a nuestra vida.

Responder a tu llamada es lo mejor que podemos hacer.
Será motivo de alegría para nosotros y de felicidad para muchos.
Gracias por esta nueva llamada.
Gracias por todos los que te responden y me animan a decirte:

"Estoy dispuesta. Estoy dispuesto".


Envíame sin temor, que estoy dispuesto.
No me dejes tiempo para inventar excusas,
ni permitas que intente negociar contigo.
Envíame, que estoy dispuesto.
Pon en mi camino gentes, tierras, historias,
vidas heridas y sedientas de ti.
No admitas un no por respuesta

Envíame; a los míos y a los otros,
a los cercanos y a los extraños
a los que te conocen y a los que sólo te sueñan
y pon en mis manos tu tacto que cura.
en mis labios tu verbo que seduce;
en mis acciones tu humanidad que salva;
en mi fe la certeza de tu evangelio.

Envíame, con tantos otros que, cada día,
convierten el mundo en milagro.

José Mª Rodríguez Olaizola, sj

17/10/17

Trigo soy de Dios



"Limpiáis por fuera la copa y el plato, 
pero por dentro rebosáis de rapiña y maldad" 
(Lc 11, 37-41)

Las abluciones de los fariseos eran una norma de higiene, pero también una alusión a la pureza de espíritu. 
Jesús les echa en cara la hipocresía del que busca la seguridad en las prácticas religiosas pero no cambia por dentro.
Así dice Jesús a los fariseos y al fariseo que todos llevamos dentro.
Generalmente cuidamos más la belleza exterior que la interior, nos importa más el aplauso de las personas que el reconocimiento de Dios, nos gusta destacar más nuestras buenas obras que las de los demás.
Jesús nos llama a la coherencia, a la humildad, a la verdad.
Si nuestra fe no nos hace más sensibles a las necesidades de los que nos rodean tal vez tengamos que aplicarnos las palabras de Jesús.

• Señor, que tú seas lo primero para mí.

Señor, también yo vivo preocupado por la apariencia
y no me ocupo del cuidado del corazón.
Dedico más tiempo a maquillarme que a mejorarme,
a aparentar bondad que a ser bueno,
a cuidar más las ramas que las raíces,
a vivir más de cara afuera que de cara adentro.

Hazme comprender, Señor, que no desperdicio el tiempo

cuando me dedico a reflexionar y a pensar,
a sopesar las consecuencias de lo que hago y de lo que no hago;
cuando procuro espacios de silencio y de quietud,
para poder escuchar, escucharme y escucharte.

Ayúdame, Señor, a cuidar y a alimentar mi espíritu,

leyendo buenas lecturas, viendo bellos paisajes,
acercándome a las personas que me pueden motivar
y a todas aquellas a las que puedo ayudar,
dejando que tu amor me purifique y me dé vida.

Amén.

Celebramos la memoria del mártir san Ignacio de Antioquía, que peleó el combate de la fe hasta derramar su sangre por Cristo.
Obispo de Antioquía en el siglo I, Ignacio fue arrestado y condenado a ser arrojado a las fieras. Cuando iba hacia Roma, varias comunidades de cristianos lo recibieron con suma veneración. Él se lo agradeció afectuosamente en cartas escritas durante su viaje; les animó a adherirse firmemente a la fe y a permanecer unidos a la jerarquía “como cuerdas de una lira”.
Les pidió a los cristianos no impedir que muriera como mártir, porque:  

"Lo único que para mí habéis de pedir es fuerza interior y exterior, a fin de que no sólo de palabra, sino también de voluntad me llame cristiano y me muestre como tal...
Escribo a todas las Iglesias, y a todas les encarezco que estoy presto a morir de buena gana por Dios, si vosotros no lo impedís.
A vosotros os suplico que no tengáis para conmigo una benevolencia intempestiva. Dejadme ser alimento de las fieras, por medio de las cuales pueda yo alcanzar a Dios. Trigo soy de Dios que ha de ser molido por los dientes de las fieras, para ser presentado como pan limpio de Cristo" (Carta de San Ignacio a los Efesios, camino del martirio).

También nosotros nos convertimos en el pan de Cristo y nuestra vida debe convertirse en una eucaristía, una ofrenda de acción de gracias con el mismo Jesucristo.


16/10/17

El signo


“Aquí hay uno que es más que Jonás” 
(Lc 11,32).  

El mal toma muchas formas y nos hace perder de vista su poder destructor. 
El maligno destruye a las personas, y a la sociedad. 
Cuando parece que le hemos ganado una batalla reaparece por otro lado. 
El cristiano debe mantenerse firme en el seguimiento de Jesús. 
No hay medias tintas. 
Hay que mantenerse alerta ante el engaño y las estrategias del maligno.

- Señor, no me dejes caer en la tentación.

Nos cuesta convertirnos de verdad al Señor. 
Y ponemos excusas y justificaciones, algunas realmente buenas; pero excusas, al fin y al cabo: 
“Si Dios me diese una prueba de su existencia”, 
“Si Dios cambiara mi forma de ser”, 
“Si viera un milagro”. 
¡En qué aprieto nos pondría Dios si convirtiera una tinaja de agua en vino! 
Algo tendríamos que inventar.
Sin embargo, hay personas que se conforman con menos. 
Los ciudadanos de Nínive se convierten por la predicación de Jonás, y la reina del Sur al escuchar la sabiduría de Salomón.
Si hiciéramos más a menudo memoria de todas las maravillas que Dios ha hecho en nosotros, pediríamos menos signos, seríamos más agradecidos, crecería nuestra esperanza y viviríamos más felices.

El gran signo del Reino es Jesús y su enseñanza. 
Dios nos revela en Él su rostro lleno de amor y de sabiduría. 
No busques en lo maravilloso la presencia de Dios. 
Escucha su Palabra, amásala en tu interior y conviértete a Él.  
  
Espíritu de Amor, 
abre mi mente a tu Sabiduría, 
para que tu Palabra entre en mi vida 
y la transforme.  



Señor Jesús, somos muy afortunados y hemos recibido mucho de ti,
pero no acabamos de agradecerlo, de convertirnos, de cambiar de vida.

Nos has proclamado la Buena Noticia de que Dios nos ama con locura,
pero no acabamos de abrir el corazón para acoger su ternura.

Nos has mostrado que Dios no se cansa nunca de perdonar,
pero, cuando pecamos, seguimos huyendo de Dios.

Nos has dicho que Tú quieres bendecirnos desde los pobres,
pero no les damos espacio suficiente en nuestro corazón y nuestro tiempo.

Te has presentado ante nosotros como un manantial de agua viva,
pero preferimos otras aguas, aunque no calmen nuestra sed.

Vienes a este mundo para liberarnos de todas las cadenas que nos atan,
pero seguimos teniendo miedo a que recortes nuestra libertad.

Nos has enseñado que sólo los que entregan su vida son felices,
pero estamos demasiado preocupados de nosotros mismos.

Nos descubriste que fuimos creados para vivir en comunión con Dios y con las personas, pero no siempre estamos dispuestos a ayudar y a dejarnos ayudar.

Tú nos has dado tu Palabra, tu tiempo, tu Espíritu, tu vida entera,
pero nosotros seguimos siendo tacaños contigo.

Señor, ayúdanos a reconocer todo lo que has hecho por nosotros,
a fiarnos de ti y de tu Palabra, cada día un poco más,
para que nuestras miserias no ahoguen el deseo de plenitud que ha puesto en nosotros y tu amor nos convierta a una vida más entregada y feliz.
Estamos en camino, Señor, y contigo podemos avanzar.

15/10/17

Venid a la fiesta.


"Muchos son los llamados, 
pero pocos los elegidos" 
(Mt 22, 1-14)

El Señor  nos invita: 

Venid todos, la mesa está servida, 

todo está listo. 

Venid a la fiesta.  

Dichosos los invitados a la cena del Cordero.

Hoy has preparado un banquete,
en tu amplia tienda de la alianza
levantada en esta tierra tuya y nuestra,
para que tu presencia no nos resultara extraña.
Es tu hijo quien se casa,
y la ocasión es única
para hacernos presente
tu generosidad y gracia.

Ya está la entrada engalanada,
los jardines adornados,
las farolas y antorchas alumbrando
caminos, rincones y plazas,
las habitaciones dispuestas
y la sala del banquete preparada
con todo lo necesario para la fiesta,
porque la ocasión es única.

La mesa lista para el banquete
con los mejores manjares que se conocen
y un vino reserva excelente,
para alegrar a los reticentes,
traído de tu viña predilecta.
Todo en abundancia,
que a ti te gusta que sobre y no falte
cuando se va o se pasa por tu casa.

Los criados han partido
para invitar a tus amigos,
que son muchos y muy distintos
y están dispersos por el amplio mundo.
¡Venid a la fiesta! ¡Venid a la fiesta!,
se oye en pueblos y casas,
y como un eco resuena setenta veces siete
y llega a todos los corazones.

Atardece, y tu tienda está vacía.
Tus amigos, muy ocupados
en sus cosas y haciendas,
declinan la invitación
como si fuese una oferta cualquiera.
Te hacen pasar un mal trago
aduciendo motivos, disculpas y excusas
que suenan a justificar sus conciencias.

Sin embargo, hoy, la fiesta se hará;
es tu querer y voluntad decidida.
Tu generosidad y riqueza
no pueden terminar en la basura.
De la calle, de las plazas,
de los rincones más olvidados
y del reverso de la historia
llegarán tus invitados.

Serán cojos, ciegos y sordos,
hambrientos, pobres y presos,
ciudadanos y extranjeros,
emigrantes sin papeles,
hombres y mujeres, ancianos y niños
de toda raza, color y oficio,
que oyen a tus mensajeros
y se sienten sorprendidos.

Los que a nada sois invitados...
¡Venid a la fiesta!
Los que estáis solos y sin futuro...
¡Venid a la fiesta!
Los que tenéis hambre y no trabajo...
¡Venid a la fiesta!
Todos los despreciados y humillados...
¡Venid a la fiesta!
Los sin nombre y sin historia...
¡Venid a la fiesta!
Los que no sois sino recursos humanos...
¡Venid a la fiesta!
Los que sufrís la risa y la miseria...
¡Venid a la fiesta!
Los nadie de ahora y siempre...
¡Venid a la fiesta!

¡Vamos a tu fiesta, Señor!

Florentino Ulibarri

14/10/17

Escuchar y cumplirla


“Dichosos los que escuchan 
la palabra de Dios y la cumplen” 
(Lc 11,28).

Una mujer del pueblo presta su voz a la humanidad para felicitar a María porque escuchó y dejó cumplirse la Palabra de Dios en ella. Eres dichoso si dejas que la Palabra de Dios modele la arcilla de tu vida; si dialogas con ella en el corazón, brotará en ti la humildad, la libertad y la alegría.


Tu Palabra y tu Sabiduría están en mí, no porque te conozca mediante mis conceptos, sino porque soy conocido por ti como hijo y amigo tuyo

Jesús ama a su madre María porque lo acogió nueve meses en su vientre y porque sus pechos lo amamantaron, pero todavía la valora más por escuchar y cumplir la Palabra de Dios. 
Para Jesús no valen títulos de sangre, ni los grados académicos, ni la partida de bautismo. 
Para Jesús, lo importante es escuchar la Palabra de Dios y cumplirla.
         
Escuchar y cumplir la Palabra de Dios requiere un corazón abierto, para poder acoger la sorpresa de Dios, seguros de que sus caminos son distintos (y mucho mejores) que los nuestros.

Escuchar y cumplir la Palabra de Dios es nuestra tarea permanente. 
Permanente. De cada día. 
De todos los días.

Gracias, Señor,
porque cuentas con personas pequeñas y humildes,
por fijarte y llamar a María,
por contar conmigo.

Gracias porque jamás avasallas;
propusiste, no impusiste a María la misión de ser Madre de Jesús
y esperaste su respuesta.
También a mí me sugieres una misión
y esperas, a veces muchos años, mi aceptación.

Gracias, Señor,
porque tú haces posible lo imposible,
en María, en mí
y en todas las personas que se fían de ti
y cumplen tu voluntad.

Gracias, Señor,
por tu Espíritu Santo,
el Espíritu creador de vida,
en el alma y en el cuerpo de María,
en nuestra vida, en la Iglesia y en el mundo.

Gracias, María;
por enseñarnos a preguntar a Dios lo que no entendemos;
por fiarte de Él;
por ayudarnos a decir contigo y como tú:
"Hágase en mi según tu palabra".

13/10/17

El poder de Dios

“El reino de Dios ha llegado a vosotros” 
(Lc 11, 20).

Toda la vida de Jesús revela que él actúa con el poder de Dios para hacer el bien a la humanidad. 
Confía siempre en Jesús porque él es el vencedor de toda fuerza de mal. 
Su reinado es de amor, de paz de justicia y de libertad.


Atráeme hacia ti, Señor, no permitas que la fuerza del mal me aprisione y me esclavice

12/10/17

Nuestro Pilar


“Una mujer de entre el gentío levantó la voz” (Lc 11, 27)  
  
Una mujer emocionada por las palabras de Jesús, levanta valiente su voz para señalar la dicha de María. 
Atrévete a proclamar con tu vida que llevas en tu corazón el gozo de sentirte hijo/a de María.      
María acoge el don de Dios y es fiel en el amor y la entrega de la vida hasta el final.
Ella es el fiat que nos abre las puertas del cielo.

Padre, Dios, 
necesitamos mujeres llenas de vida, 
que hundan sus raíces en la fuente de tu Palabra 
y repartan, a manos llenas, la paz y la alegría. 



TÚ,  MARÍA, ERES NUESTRO PILAR
Cuando estamos tristes y  abatidos
Cuando las cosas no  funcionan bien
Cuando nos alejamos de la  casa del Padre

TÚ,  MARÍA, ERES NUESTRO PILAR
Cuando nos hundimos bajo el  peso de las dificultades
Cuando decae nuestro ánimo
Cuando perdemos la fe en  Jesús
TÚ,  MARÍA; ERES NUESTRO PILAR
Cuando somos frágiles y nos destruimos
Cuando sólo pensamos en  nosotros mismos
Cuando no damos testimonio  de tu Hijo
TÚ,  MARÍA, ERES NUESTRO PILAR
Cuando aparecen nubarrones  en nuestra felicidad
Cuando todo parece derrumbarse
Cuando nos perdemos lejos  del amor de Dios
TÚ,  MARÍA, ERES NUESTRO PILAR

 Javier Leoz