ATARDECER

ATARDECER
Remar mar adentro

18/10/17

Estoy dispuesto


“Está cerca de vosotros el reino de Dios” 
(Lc 10,9)
  
Todo mensajero prepara caminos, abre brechas al Misterio.
Todo mensajero anuncia que Dios está cerca.
Todo mensajero proclama que el amor de Dios está a la puerta, buscando quien lo acoja. Recógete en tu interior, habita la morada más honda de tu vida, despierta tu fe para entrar en la presencia del Dios que te habita, abre tus manos y ofrécele tu vida.
Qué cerca estás de mí, más que yo mismo!  

Cuando me asomo al brocal de mi pozo, veo tu rostro y el mío. ¡Gracias, mi Dios, por esperarme tanto!

Celebramos la fiesta de San Lucas.

Un día sintió la llamada de Jesús, que quería confiarle una misión.
Puedo recordar las llamadas que a lo largo de la vida he recibido y dar gracias por ellas. 
Y preguntarme: ¿a qué me llamas ahora, Señor?
Para Jesús el mundo no es un negocio que explotar, ni un espectáculo que contemplar, ni un peligro que destruir. 
Para Jesús, el mundo es una mies, un campo necesitado de trabajadores. 
¿Cómo miro el mundo?
¿Cómo miro a las personas?
    "Transforma mi mirada egoísta, Señor"
    "Gracias Señor por compadecerte de mis miserias"
    "Señor, enséñame a mirar como tú me miras"

Pedid al dueño de la mies que envíe trabajadores a su mies.
Pedid a Dios que envíe laicos que transformen el mundo, sacerdotes que sirvan a las comunidades cristianas, religiosos y religiosas que nos recuerden la absoluta grandeza de Dios. 
Pedid y escuchad la llamada de Dios.
Escuchad y llamad a otras personas.

Señor, nos has llamado de nuevo.
No por ser los mejores, ni los más listos, ni los más fuertes. 
Nos llamas porque nos quieres, porque quieres hacernos felices.
Confiaste en nosotros, te vuelves a fiar, a pesar de que no lo hicimos todo bien.
Nos llamas y nos envías:
¡Poneos en camino!

Tenemos miedos y a veces nos cansamos, nos asalta la duda, la tentación y no encontramos sentido al trabajo.
Mucha gente no nos entiende, nos crítica y llega el desánimo.
Tú nos lo habías advertido:
“Os envío como ovejas en medio de lobos”.

Danos una mirada limpia para ver el mundo como Tú lo ves: como un gran campo que necesita obreros, brazos dispuestos a trabajar, corazones abiertos para amar, pies que acorten las distancias…


Nos dices:
“No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias”.
Lo importante es que te llevemos a Ti, que sintamos la alegría de ser tus amigos, que transmitamos, con la humildad de sentirnos pecadores, que Tú estás cerca y que contigo llega la Paz a nuestra vida.

Responder a tu llamada es lo mejor que podemos hacer.
Será motivo de alegría para nosotros y de felicidad para muchos.
Gracias por esta nueva llamada.
Gracias por todos los que te responden y me animan a decirte:

"Estoy dispuesta. Estoy dispuesto".


Envíame sin temor, que estoy dispuesto.
No me dejes tiempo para inventar excusas,
ni permitas que intente negociar contigo.
Envíame, que estoy dispuesto.
Pon en mi camino gentes, tierras, historias,
vidas heridas y sedientas de ti.
No admitas un no por respuesta

Envíame; a los míos y a los otros,
a los cercanos y a los extraños
a los que te conocen y a los que sólo te sueñan
y pon en mis manos tu tacto que cura.
en mis labios tu verbo que seduce;
en mis acciones tu humanidad que salva;
en mi fe la certeza de tu evangelio.

Envíame, con tantos otros que, cada día,
convierten el mundo en milagro.

José Mª Rodríguez Olaizola, sj

17/10/17

Trigo soy de Dios



"Limpiáis por fuera la copa y el plato, 
pero por dentro rebosáis de rapiña y maldad" 
(Lc 11, 37-41)

Las abluciones de los fariseos eran una norma de higiene, pero también una alusión a la pureza de espíritu. 
Jesús les echa en cara la hipocresía del que busca la seguridad en las prácticas religiosas pero no cambia por dentro.
Así dice Jesús a los fariseos y al fariseo que todos llevamos dentro.
Generalmente cuidamos más la belleza exterior que la interior, nos importa más el aplauso de las personas que el reconocimiento de Dios, nos gusta destacar más nuestras buenas obras que las de los demás.
Jesús nos llama a la coherencia, a la humildad, a la verdad.
Si nuestra fe no nos hace más sensibles a las necesidades de los que nos rodean tal vez tengamos que aplicarnos las palabras de Jesús.

• Señor, que tú seas lo primero para mí.

Señor, también yo vivo preocupado por la apariencia
y no me ocupo del cuidado del corazón.
Dedico más tiempo a maquillarme que a mejorarme,
a aparentar bondad que a ser bueno,
a cuidar más las ramas que las raíces,
a vivir más de cara afuera que de cara adentro.

Hazme comprender, Señor, que no desperdicio el tiempo

cuando me dedico a reflexionar y a pensar,
a sopesar las consecuencias de lo que hago y de lo que no hago;
cuando procuro espacios de silencio y de quietud,
para poder escuchar, escucharme y escucharte.

Ayúdame, Señor, a cuidar y a alimentar mi espíritu,

leyendo buenas lecturas, viendo bellos paisajes,
acercándome a las personas que me pueden motivar
y a todas aquellas a las que puedo ayudar,
dejando que tu amor me purifique y me dé vida.

Amén.

Celebramos la memoria del mártir san Ignacio de Antioquía, que peleó el combate de la fe hasta derramar su sangre por Cristo.
Obispo de Antioquía en el siglo I, Ignacio fue arrestado y condenado a ser arrojado a las fieras. Cuando iba hacia Roma, varias comunidades de cristianos lo recibieron con suma veneración. Él se lo agradeció afectuosamente en cartas escritas durante su viaje; les animó a adherirse firmemente a la fe y a permanecer unidos a la jerarquía “como cuerdas de una lira”.
Les pidió a los cristianos no impedir que muriera como mártir, porque:  

"Lo único que para mí habéis de pedir es fuerza interior y exterior, a fin de que no sólo de palabra, sino también de voluntad me llame cristiano y me muestre como tal...
Escribo a todas las Iglesias, y a todas les encarezco que estoy presto a morir de buena gana por Dios, si vosotros no lo impedís.
A vosotros os suplico que no tengáis para conmigo una benevolencia intempestiva. Dejadme ser alimento de las fieras, por medio de las cuales pueda yo alcanzar a Dios. Trigo soy de Dios que ha de ser molido por los dientes de las fieras, para ser presentado como pan limpio de Cristo" (Carta de San Ignacio a los Efesios, camino del martirio).

También nosotros nos convertimos en el pan de Cristo y nuestra vida debe convertirse en una eucaristía, una ofrenda de acción de gracias con el mismo Jesucristo.


16/10/17

El signo


“Aquí hay uno que es más que Jonás” 
(Lc 11,32).  

El mal toma muchas formas y nos hace perder de vista su poder destructor. 
El maligno destruye a las personas, y a la sociedad. 
Cuando parece que le hemos ganado una batalla reaparece por otro lado. 
El cristiano debe mantenerse firme en el seguimiento de Jesús. 
No hay medias tintas. 
Hay que mantenerse alerta ante el engaño y las estrategias del maligno.

- Señor, no me dejes caer en la tentación.

Nos cuesta convertirnos de verdad al Señor. 
Y ponemos excusas y justificaciones, algunas realmente buenas; pero excusas, al fin y al cabo: 
“Si Dios me diese una prueba de su existencia”, 
“Si Dios cambiara mi forma de ser”, 
“Si viera un milagro”. 
¡En qué aprieto nos pondría Dios si convirtiera una tinaja de agua en vino! 
Algo tendríamos que inventar.
Sin embargo, hay personas que se conforman con menos. 
Los ciudadanos de Nínive se convierten por la predicación de Jonás, y la reina del Sur al escuchar la sabiduría de Salomón.
Si hiciéramos más a menudo memoria de todas las maravillas que Dios ha hecho en nosotros, pediríamos menos signos, seríamos más agradecidos, crecería nuestra esperanza y viviríamos más felices.

El gran signo del Reino es Jesús y su enseñanza. 
Dios nos revela en Él su rostro lleno de amor y de sabiduría. 
No busques en lo maravilloso la presencia de Dios. 
Escucha su Palabra, amásala en tu interior y conviértete a Él.  
  
Espíritu de Amor, 
abre mi mente a tu Sabiduría, 
para que tu Palabra entre en mi vida 
y la transforme.  



Señor Jesús, somos muy afortunados y hemos recibido mucho de ti,
pero no acabamos de agradecerlo, de convertirnos, de cambiar de vida.

Nos has proclamado la Buena Noticia de que Dios nos ama con locura,
pero no acabamos de abrir el corazón para acoger su ternura.

Nos has mostrado que Dios no se cansa nunca de perdonar,
pero, cuando pecamos, seguimos huyendo de Dios.

Nos has dicho que Tú quieres bendecirnos desde los pobres,
pero no les damos espacio suficiente en nuestro corazón y nuestro tiempo.

Te has presentado ante nosotros como un manantial de agua viva,
pero preferimos otras aguas, aunque no calmen nuestra sed.

Vienes a este mundo para liberarnos de todas las cadenas que nos atan,
pero seguimos teniendo miedo a que recortes nuestra libertad.

Nos has enseñado que sólo los que entregan su vida son felices,
pero estamos demasiado preocupados de nosotros mismos.

Nos descubriste que fuimos creados para vivir en comunión con Dios y con las personas, pero no siempre estamos dispuestos a ayudar y a dejarnos ayudar.

Tú nos has dado tu Palabra, tu tiempo, tu Espíritu, tu vida entera,
pero nosotros seguimos siendo tacaños contigo.

Señor, ayúdanos a reconocer todo lo que has hecho por nosotros,
a fiarnos de ti y de tu Palabra, cada día un poco más,
para que nuestras miserias no ahoguen el deseo de plenitud que ha puesto en nosotros y tu amor nos convierta a una vida más entregada y feliz.
Estamos en camino, Señor, y contigo podemos avanzar.

15/10/17

Venid a la fiesta.


"Muchos son los llamados, 
pero pocos los elegidos" 
(Mt 22, 1-14)

El Señor  nos invita: 

Venid todos, la mesa está servida, 

todo está listo. 

Venid a la fiesta.  

Dichosos los invitados a la cena del Cordero.

Hoy has preparado un banquete,
en tu amplia tienda de la alianza
levantada en esta tierra tuya y nuestra,
para que tu presencia no nos resultara extraña.
Es tu hijo quien se casa,
y la ocasión es única
para hacernos presente
tu generosidad y gracia.

Ya está la entrada engalanada,
los jardines adornados,
las farolas y antorchas alumbrando
caminos, rincones y plazas,
las habitaciones dispuestas
y la sala del banquete preparada
con todo lo necesario para la fiesta,
porque la ocasión es única.

La mesa lista para el banquete
con los mejores manjares que se conocen
y un vino reserva excelente,
para alegrar a los reticentes,
traído de tu viña predilecta.
Todo en abundancia,
que a ti te gusta que sobre y no falte
cuando se va o se pasa por tu casa.

Los criados han partido
para invitar a tus amigos,
que son muchos y muy distintos
y están dispersos por el amplio mundo.
¡Venid a la fiesta! ¡Venid a la fiesta!,
se oye en pueblos y casas,
y como un eco resuena setenta veces siete
y llega a todos los corazones.

Atardece, y tu tienda está vacía.
Tus amigos, muy ocupados
en sus cosas y haciendas,
declinan la invitación
como si fuese una oferta cualquiera.
Te hacen pasar un mal trago
aduciendo motivos, disculpas y excusas
que suenan a justificar sus conciencias.

Sin embargo, hoy, la fiesta se hará;
es tu querer y voluntad decidida.
Tu generosidad y riqueza
no pueden terminar en la basura.
De la calle, de las plazas,
de los rincones más olvidados
y del reverso de la historia
llegarán tus invitados.

Serán cojos, ciegos y sordos,
hambrientos, pobres y presos,
ciudadanos y extranjeros,
emigrantes sin papeles,
hombres y mujeres, ancianos y niños
de toda raza, color y oficio,
que oyen a tus mensajeros
y se sienten sorprendidos.

Los que a nada sois invitados...
¡Venid a la fiesta!
Los que estáis solos y sin futuro...
¡Venid a la fiesta!
Los que tenéis hambre y no trabajo...
¡Venid a la fiesta!
Todos los despreciados y humillados...
¡Venid a la fiesta!
Los sin nombre y sin historia...
¡Venid a la fiesta!
Los que no sois sino recursos humanos...
¡Venid a la fiesta!
Los que sufrís la risa y la miseria...
¡Venid a la fiesta!
Los nadie de ahora y siempre...
¡Venid a la fiesta!

¡Vamos a tu fiesta, Señor!

Florentino Ulibarri

14/10/17

Escuchar y cumplirla


“Dichosos los que escuchan 
la palabra de Dios y la cumplen” 
(Lc 11,28).

Una mujer del pueblo presta su voz a la humanidad para felicitar a María porque escuchó y dejó cumplirse la Palabra de Dios en ella. Eres dichoso si dejas que la Palabra de Dios modele la arcilla de tu vida; si dialogas con ella en el corazón, brotará en ti la humildad, la libertad y la alegría.


Tu Palabra y tu Sabiduría están en mí, no porque te conozca mediante mis conceptos, sino porque soy conocido por ti como hijo y amigo tuyo

Jesús ama a su madre María porque lo acogió nueve meses en su vientre y porque sus pechos lo amamantaron, pero todavía la valora más por escuchar y cumplir la Palabra de Dios. 
Para Jesús no valen títulos de sangre, ni los grados académicos, ni la partida de bautismo. 
Para Jesús, lo importante es escuchar la Palabra de Dios y cumplirla.
         
Escuchar y cumplir la Palabra de Dios requiere un corazón abierto, para poder acoger la sorpresa de Dios, seguros de que sus caminos son distintos (y mucho mejores) que los nuestros.

Escuchar y cumplir la Palabra de Dios es nuestra tarea permanente. 
Permanente. De cada día. 
De todos los días.

Gracias, Señor,
porque cuentas con personas pequeñas y humildes,
por fijarte y llamar a María,
por contar conmigo.

Gracias porque jamás avasallas;
propusiste, no impusiste a María la misión de ser Madre de Jesús
y esperaste su respuesta.
También a mí me sugieres una misión
y esperas, a veces muchos años, mi aceptación.

Gracias, Señor,
porque tú haces posible lo imposible,
en María, en mí
y en todas las personas que se fían de ti
y cumplen tu voluntad.

Gracias, Señor,
por tu Espíritu Santo,
el Espíritu creador de vida,
en el alma y en el cuerpo de María,
en nuestra vida, en la Iglesia y en el mundo.

Gracias, María;
por enseñarnos a preguntar a Dios lo que no entendemos;
por fiarte de Él;
por ayudarnos a decir contigo y como tú:
"Hágase en mi según tu palabra".

13/10/17

El poder de Dios

“El reino de Dios ha llegado a vosotros” 
(Lc 11, 20).

Toda la vida de Jesús revela que él actúa con el poder de Dios para hacer el bien a la humanidad. 
Confía siempre en Jesús porque él es el vencedor de toda fuerza de mal. 
Su reinado es de amor, de paz de justicia y de libertad.


Atráeme hacia ti, Señor, no permitas que la fuerza del mal me aprisione y me esclavice

12/10/17

Nuestro Pilar


“Una mujer de entre el gentío levantó la voz” (Lc 11, 27)  
  
Una mujer emocionada por las palabras de Jesús, levanta valiente su voz para señalar la dicha de María. 
Atrévete a proclamar con tu vida que llevas en tu corazón el gozo de sentirte hijo/a de María.      
María acoge el don de Dios y es fiel en el amor y la entrega de la vida hasta el final.
Ella es el fiat que nos abre las puertas del cielo.

Padre, Dios, 
necesitamos mujeres llenas de vida, 
que hundan sus raíces en la fuente de tu Palabra 
y repartan, a manos llenas, la paz y la alegría. 



TÚ,  MARÍA, ERES NUESTRO PILAR
Cuando estamos tristes y  abatidos
Cuando las cosas no  funcionan bien
Cuando nos alejamos de la  casa del Padre

TÚ,  MARÍA, ERES NUESTRO PILAR
Cuando nos hundimos bajo el  peso de las dificultades
Cuando decae nuestro ánimo
Cuando perdemos la fe en  Jesús
TÚ,  MARÍA; ERES NUESTRO PILAR
Cuando somos frágiles y nos destruimos
Cuando sólo pensamos en  nosotros mismos
Cuando no damos testimonio  de tu Hijo
TÚ,  MARÍA, ERES NUESTRO PILAR
Cuando aparecen nubarrones  en nuestra felicidad
Cuando todo parece derrumbarse
Cuando nos perdemos lejos  del amor de Dios
TÚ,  MARÍA, ERES NUESTRO PILAR

 Javier Leoz 

11/10/17

¡Abba!



“Cuando oréis decid: “Padre” 
(Lc 11,2).  

Los discípulos fascinados por las palabras y gestos de Jesús se preguntan:
¿De dónde le nace tanta vida al Maestro?
Por eso le piden que les muestre el manantial que lleva en el interior, que les enseñe a orar, que les revele “eso” que le lleva a entregar la vida, gratuitamente, por los caminos.
Acoge en silencio profundo la palabra más bella, más entrañable y más nueva que Jesús lleva en su corazón: ¡Abba!  

Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan de mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación. 

Señor, que viva siempre unido a Ti.


Padre, ayúdame sentir la alegría de ser tu hijo y a tratar a los demás como hermanos.
Nuestro, no dejes que me aísle en mi egoísmo.
Que estás en los cielos; tan cerca y tan lejos; te dejas tocar, pero no te dejas atrapar.
Santificado sea tu Nombre; y que yo te ame con todo el corazón, con toda el alma y con todas mis fuerzas.
Venga a nosotros tu Reino.
Reina en mi vida y dame fuerza para trabajar para extender tu Reino de justicia, de verdad, de paz.
Hágase tu voluntad y dame confianza para acogerla como camino de vida para mí y para los hermanos.
Danos hoy nuestro pan, danos el pan tierno de tu amor en la Eucaristía.
Danos un corazón generoso para compartir con los pobres y con los que sufren, con los que tienen hambre de pan y de esperanza.
Perdona nuestras ofensas y ayúdanos a comprendernos y a comprender, a perdonarnos y a perdonar.
No nos dejes caer en tentación; dame luz y fuerza para descubrir y vencer los engaños que me alejan de ti, de los hermanos, de mi propia felicidad.
Líbranos del mal y ayúdanos a vencerlo sólo a fuerza de bien.
Amén.
Así sea, en mí y en todas tus criaturas.

Amén.

10/10/17

La escucha


“Sólo una cosa es necesaria” 
(Lc 10, 42).

Jesús, dejando de lado las normas culturales judías, se hospeda en la casa de dos mujeres: 
Marta le sirve y María, sentada a sus pies, le escucha.
Jesús enseña a estas mujeres amigas, que sólo una cosa debe preocupar a todos cuantos quieran seguirle: escuchar su Palabra.
La escucha es la primera manifestación de la acogida.
La mirada profunda y atenta que sabe ver más allá de las palabras y de las apariencias
Levántate del vértigo de la vida, de las prisas y urgencias cotidianas.
Siéntate a los pies de aquellos a quienes has de servir. 
Contempla.
Contempla esta escena llena de belleza, ternura y novedad.

Señor, que en todo momento esté atento a lo que deseas de mí.

Abre los oídos de mi corazón.
Que los afanes de la vida 
no apaguen el deseo hondo de escuchar tu Palabra de vida.
Tú haces nuevas todas las cosas. 

Sácanos de nuestras casillas
A tu madre y tus hermanos les dijiste que madre y hermanos son quienes cumplen la palabra.
A Pedro le reprochaste, con palabras duras, no comprender la cruz.
A Santiago y Juan les recordaste que los jefes deben servir.
Al joven rico le revelaste que se estaba convirtiendo en un pobre hombre.
A los cargados de justicia les desafiaste a que tirasen la primera piedra.
Al condenado le diste otra oportunidad.
Invitaste a tu banquete a quienes no tenían sitio en ninguna mesa
A Marta, llena de afán y de prisa, la invitas a sentarse y escuchar tu palabra.
¿Qué le dirás a María, Señor?

Tal vez que se ponga en pie y ayude.
Porque tú nos sacas del terreno familiar, 
y nos abres la puerta de lo nuevo. 
Tú, Señor, que siempre nos desinstalas.
Sigue sacándonos de rutinas y certidumbres,
de méritos y medallas, 
de seguridades y justificaciones
para descolocarnos con tu evangelio,
una vez más, hoy y siempre.
(José María R. Olaizola, sj)

8/10/17

Trabajar en la viña



"Se os quitará el reino de Dios
y se dará a un pueblo
que produzca sus frutos"
(Mt 21, 33-43)

Dios Padre Bueno y Misericordioso,
te damos Gracias porque Tú nos llamas hoy
a cuidar tu Reino de Vida en medio del mundo,
para anunciar tu Buena Noticia a todas las personas.
Tu Reino de Vida y Salvación no nos pertenece,
pero Tú nos lo confías para que demos frutos,
y que estos sean unos frutos buenos y abundantes
que beneficien a todos y enriquezcan nuestro corazón.
Te damos Gracias, Señor Jesucristo y Dios nuestro,
porque solo Tú eres nuestra Piedra Angular
que da sentido verdadero a nuestra vida,
y en la que podemos apoyar todo nuestro ser,
nuestra vida cotidiana y nuestras circunstancias,
con todas nuestras virtudes y nuestras miserias.
¡Gracias, Dios nuestro, porque Tú no sostienes siempre!
Ten Misericordia de nosotros y transfórmanos
en buenos discípulos, fieles y obedientes a tu Voluntad,
que trabajen en tu Viña de Vida, sin cansancio,
para ofrecer al mundo los buenos y abundantes frutos
que de ella se espera, y que tanto necesitamos todos.
Danos Tú, Dios Padre Bueno y Misericordioso,
un corazón sensible al dolor y el sufrimiento del mundo,
que esté siempre dispuesto a consolar a quien sufre
y a acoger en todo momento a quien más lo necesite,
y siendo siempre portadores de tu Paz y tu Misericordia,
para que tu Amor llegue al corazón de cada persona. 
Amén.


¡Dichosos quienes sienten la llamada  
a trabajar en la viña, 
porque serán generosamente recompensados!

Señor, ayúdanos a trabajar con gusto en la Viña, 
para que un día todos podamos disfrutar de sus frutos. 
Para alegría de Dios. 

7/10/17

Como tú María


“Alégrate, llena de gracia, 
el Señor está contigo” 
(Lc 1,28).

Dios mira a María con amor y la llena de gracia; la convierte en mujer nueva, fecunda; siembra el proyecto del Reino en su corazón virgen.
Mira a María de Nazaret acogiendo el Plan de Dios en su vida, sin entender nada de nada, con total abandono y confianza en la Palabra y en la fuerza del Espíritu Santo.
Ayúdame, Señor, a decirte siempre que sí.
Auméntame la fe para ver más claramente qué esperas de mí cada mañana y cada tarde.
El "sí" de María, el día de la Anunciación, fue a ser Madre de Dios.
El Verbo se hizo humano en sus entrañas, por el Espíritu Santo y su consentimiento.
Nuestros "sí" a Dios de todos los días, se parecen a los que Nuestra Madre pronunciaba de continuo, amando a Dios en cada momento y circunstancia de la vida.
Eran en María enamoradas afirmaciones –silenciosas casi siempre– de una conversación que no termina, como no terminan nunca las palabras de afecto en los enamorados, aunque sólo se contemplen.
Madre mía, enséñame a querer.

Quiero decir si, al Plan de Dios en mi vida,
 como tu María.
Quiero abandonarme en Él, tal y como soy, 
como tú María. 

Quiero dejarme modelar por la fuerza de la Palabra, 
como tú María

6/10/17

No se puede escuchar a Dios, si no escuchamos a los hermanos


“Quien a vosotros os escucha a mí me escucha” (Lc 10,16)

En Corazaín y en Betsaida Jesús había hecho la mayor parte de sus milagros.
Sin embargo, sus habitantes tenían el corazón endurecido.
No reconocieron las maravillas que Jesús hizo y, por consiguiente, no se convirtieron.
Este evangelio es una llamada a reconocer todo lo que Dios ha hecho por nosotros, por nuestras comunidades y grupos, por nuestra familia... y a vivir de acuerdo con el don recibido, a mostrar nuestro agradecimiento en la oración y con la vida.
El que no escucha a los hermanos, a quienes ve, difícilmente va a escuchar a Dios, a quien no ve.
No se puede escuchar a Dios, si no escuchamos a los hermanos

Participar en la misión de Jesús es algo grande.
Jesús se hace uno con nosotros para acercarnos al Padre.
Pone en nuestros labios sus palabras, que también son las palabras del Padre.
Abre los oídos del corazón a la Palabra.
Guárdala, mastícala y amásala en tu interior, como María.
Ofrécela, con Ella,  sencillamente a los hermanos.

Alumbra, Señor, el camino de mi vida.
Quiebra la noche con la gracia de la fe.
Enséñame a amar porque tengo pobre el corazón.    



Para poder responder a Dios y a los retos dela vida, es necesario ser conscientes y agradecer todo lo que hemos recibido.

Te doy gracias, Señor,
porque eres bueno conmigo.
porque es constante y eterno
tu amor conmigo.

Tú haces grandes
maravillas:
la potencia del Universo,
el misterio de la Vida,
la fuerza del Amor,
mi propio ser.....
porque es constante y eterno
tu amor con todo
y también conmigo.

Me sacaste de aquello
que un tiempo me hizo esclavo,
con mano tensa y fuerte brazo
como 'tira de uno' aquel que es buen amigo...
porque es constante y eterno
tu amor conmigo.

Cuando no tenía fuerzas,
me abriste el camino:
pasé y fui salvado por Ti
de la esclavitud;
sentí en mi vida una vez más
que es constante y eterno
tu amor conmigo.

Me llevas al desierto,
pero vienes conmigo,
me sacas...
y me guías a tu estilo,
haciendo brotar fuera
aquello que en mí
tú pusiste escondido,
pero yo nunca supe porqué
no había podido:
quitaste de muy dentro
"poderes escondidos",
rompiste mis cadenas
y viniste conmigo;
yo, a tientas, descubría
porque es constante y eterno
tu amor conmigo.

Tú me das, Señor,
el pan que necesito,
el pan que me da vida
y aunque me canso.... ¡Vivo!
Si recuerdo mi historia....
has puesto en cada instante
el pan que necesito.
No me dejes ahora,
hazme experimentar
que es constante y eterno
tu amor conmigo.


Variación del salmo 136

5/10/17

Tiempo de pedir, buscar, llamar y amar


Es el tiempo:
De pedir.
De buscar.
De llamar.
De amar.

Hoy pedimos, principalmente, que nos ayude a conseguir el pan que en esta etapa del año se siembra en la tierra con esperanza de cosecha.
También le pedimos éxito para el esfuerzo diario que realizamos. 
Pero que todo ello se realice de acuerdo con su voluntad y de acuerdo con los planes de su providencia de Padre-nuestro.





Témporas de acción de gracias y de petición (Feria mayor)
Terminada la recolección de las cosechas, y ante la proximidad de la nueva sementera, comienza un nuevo ciclo laboral. Hace años, el cultivo del campo era la tarea más frecuente en todos los lugares y en todas las sociedades. Ahora no es así.

El objeto principal de su institución sería la oración para pedir y dar gracias por estos bienes.
En la ordenación actual del Calendario Litúrgico quedan reservados tres días para la celebración de las Témporas:
1.°) Día de acción de gracias;
2.°) Día penitencial, y
3.°) Día de petición por la actividad humana.
Generalmente las tres celebraciones suelen quedar reducidas a una sola celebración, el día 5 de octubre, llamada de ACCION DE GRACIAS Y PETICION.
En estos días de octubre no solamente se ha terminado la recolección y se prepara para la nueva sementera, sino que en otros campos de la actividad humana es el comienzo de tareas varias y principio de curso.
Es oportuno dar gracias a Dios por los bienes y cosechas recibidos, por las vacaciones disfrutadas y por la nueva etapa de trabajo que se comienzaAl mismo tiempo, presentamos nuestros ruegos y peticiones para que el esfuerzo que se pone en juego, tanto en el campo como en la ciudad, produzca su correspondiente fruto y buena cosecha.

4/10/17

Seguir a Jesús


“Tú vete a anunciar el reino de Dios” 
(Lc 9,60)

Seguir a Jesús es algo serio, requiere prontitud, desprendimiento y harto ánimo para afrontar dificultades.
Pero si escuchas en tu interior su invitación a caminar con Él, ten la certeza de que su presencia amorosa te rodea y envuelve tu vida delicadamente.  
Francisco de Asís vivió hasta el último detalle el seguimiento de Jesús.
Renunció a su padre y a su familia.
Desposándose con «la hermana pobreza» se sintió libre para anunciar el evangelio.
Su renuncia iba acompañada de la alegría por cuanto el Señor nos ha concedido y por la belleza de la creación.
No era un santo triste.
El mundo hoy necesita nuevos locos como Francisco de Asís.
Hombres y mujeres que cuidan de la casa común,  humildes, sencillos y fraternos.
Seguir a Jesús es caminar hacia Jerusalén.
Seguir a Jesús no es poner condiciones.
Seguir a Jesús no es pedir rebajas.
Seguir a Jesús no es pedir tiempo para pensarlo.
Seguir a Jesús es hacer de él el centro, la razón de nuestro ser.
Seguir a Jesús no es caminar luego lamentando lo difícil del camino.
Seguir a Jesús no es caminar cansado y fatigado, con ganas de volver atrás.
Seguir a Jesús es el “sí total de nuestra vida” de modo incondicional.
Interrogantes que nos ofrece el Evangelio:
¿Cómo sentimos y vivimos el que antes de ser, existamos en el corazón de Dios?
¿Cómo sentimos y vivimos el hecho de que sea Dios quien toma la iniciativa en nuestras vidas?
¿Cómo vivimos la experiencia de que somos “unos llamados”
¿Cómo vivimos nuestro seguimiento de Jesús?
¿Sin mirar atrás?
¿Sin nostalgias del pasado?
¿Poniéndole condiciones a nuestra fe?
¿O con la alegría de la fidelidad hasta el final?

- Señor, que en cada momento sepa darte gracias.


Me fio de ti, Jesús.
¡Envíame!
A donde tú vayas, yo voy.
Llévame en la palma de tus manos,  
alienta mi débil fe.
Te seguiré a donde quieras te seguiré,
Señor, te seguiré.
Te seguiré,
dame la fuerzas sé tú la roca que sostiene mis pies.
Te seguiré, Señor

Maestro, te seguiré adonde vayas;
Maestro, dedicaré un tiempo cada día a estar contigo;
Maestro, me gustaría comprometerme con una buena causa;
Maestro, voy a compartir una parte de mi dinero;
Maestro, quiero seguir el camino que Tú me señalas:
Maestro, lo que más quiero en esta vida es ...

Pero, Señor,
déjame ir primero a enterrar a mi padre;
déjame terminar primero la carrera o la oposición;
déjame criar primero a mis hijos;
déjame pagar primero la hipoteca;
déjame que antes resuelva todas mis dudas;
déjame ....

Señor, Tú me llamas y yo pongo excusas;
y tú vuelves a decirme: "Tú, sígueme".
Acompáñame, Señor, en esta jornada,
para que sepa aprovechar cada momento,
para seguirte, escucharte y hablarte,
para comprometerme y compartir;
para disfrutar la vida y entregarla del todo. Amén.

3/10/17

La decisión


“Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén” 
(Lc 9,51)

Jesús toma decisiones que no son bien comprendidas ni por los samaritanos ni por los discípulos. 
Jesús, el Siervo del Amor, está decidido a ir a Jerusalén, donde le espera la cruz. 
Quiere que el Plan del Padre se cumpla plenamente en él, a través de su Pascua.
Aprende de Jesús que en el camino encuentra hostilidad y rechazo por parte de unos y expectativas de un mesianismo espectacular y poderoso por parte de otros.
Su actitud es siempre de misericordia y no destrucción.

“Señor danos tu Espíritu de amor,
para que curemos el egoísmo con generosidad
venzamos la mentira con la verdad,
ganemos al orgullo con humildad
y superemos la guerra con la paz”

Dios está con nosotros, se preocupa de nosotros, desea nuestra santidad y perfección, está siempre cercano y dispuesto.
Y guía y corrige nuestras malas pasiones, como hizo con Santiago y Juan.

¡Gracias, Señor, por ayudarnos a ser siempre mejores!
¡Gracias por iluminar nuestra oscuridad y pecado!
 ¡Gracias por corregirnos con inmenso amor y ternura!
¡No estamos nunca solos!

Quiero ir contigo, Jesús.
Hazme instrumento de tu paz.
Que donde haya discordia siembre yo el amor.


Quiero tener una mirada como la tuya, Señor
A no dejarme llevar por mis juicios,
interesados, duros y excesivamente crueles.
A observar, no tanto los aspectos negativos,
cuanto la bondad y lo noble de los que me rodean.

Ayúdame a mirar como Tú, Señor.
A no conspirar ni levantar castillos
en las ruinas sufrientes de tantos hermanos.
A no señalar defectos e historias pasadas
que, entre otras cosas,
sólo sirven para causar sensación o daño.

Ayúdame a mirar como Tú, Señor.
A ser prudente, como Tú lo fuiste
con aquella mujer, que adulterada en su vida,
comenzó otra vida nueva
ante tu forma de mirarle y corregirle.

Ayúdame a mirar como Tú, Señor.
A ver el lado bueno de las personas.
A no recrearme con el sufrimiento ajeno.
A no ser altavoz de calumnias y mentiras.
A ser persona y no jugar a ser juez.

Ayúdame a mirar como Tú, Señor.
A no manipular ni airear
las cruces de las personas que las soportan.
A no enjuiciar ni condenar
los defectos de tantos próximos a mi vida.
A no hacer estandarte ni burla
de los que están hundidos en sus miserias.

Ayúdame a mirar como Tú, Señor.
Para que, frente a la mentira, reine la verdad.
Para que, frente a la condena, brille tu misericordia.
Para que, frente a la burla, salga la comprensión.
Para que, frente a la humillación, despunte la bondad.
Amén.

2/10/17

Un corazón de niños



“El que acoge a este niño 
en mi nombre me acoge a mí” 
(Mt 18,3)

Los discípulos discuten sobre quién es el más importante.
No han comprendido nada de la lección de Jesús, que va entregando la vida por los caminos. 
Pide al Espíritu que te haga caer en la cuenta de que la acogida y el servicio son los rasgos esenciales del seguidor de Jesús.
El Señor se revela de manera preferencial en los niños y nos pide que nos hagamos como ellos, limpios, puros, crédulos, libres de prejuicios. 
Los pequeños son el ejemplo de cómo tenemos que abandonarnos con confianza en el amor de Dios, buscando gustarle y vivir el presente sin segundas intenciones, con humildad, con plenitud, con amor; hacernos pequeños comporta también renunciar a la soberbia, a la autosuficiencia, reconocer que solos no podemos hacer nada, que para perseverar en el camino necesitamos al Señor y al ángel de la guarda que nos provee a todo ser humano, por pequeño que sea: el compañero de viaje que nos educa y nos guía, que dirige y protege nuestra vida.

- Que sintamos la presencia del ángel que nos ofreces, Señor, que escuchemos sus consejos y obedezcamos las sugerencias que nos transmite.

Afirma san Jerónimo: «Grande es la dignidad de las almas cuando cada una, desde el momento de nacer, tiene un ángel para su custodia».
Podemos añadir, grande es la dignidad humana por la que tanto vela el Padre Dios.
El niño crece seguro porque se sabe protegido por sus padres, el cristiano en todo momento se siente guiado y amado.
Esta seguridad nos hace como niños según el evangelio.

- Señor, ilumina mi entendimiento.

Pedimos a Dios que nos dé un corazón de niño.

Dame, Señor, un corazón de niño, capaz de abandonarme en las Manos del Padre, como Tú. 
Que busque más servir, que ser servido.


ORACIÓN PARA SER COMO UN NIÑO 

"Señor, enséñame a ser niño, a disfrutar de la vida, a jugar y reírme con las cosas pequeñas.

Enséñame a confiar y a entregarme del todo sin protegerme para no ser dañada.

Enséñame a mirar con ojos inocentes, a creer en la vida, en los demás, a no hacer cálculos.

A fiarme de ti, a ir de tu mano por el camino.
A dejarme abrazar como los niños, a recibir amor y caricias porque los necesito.

Enséñame siempre a perder el tiempo con cosas no fundamentales, no serias ni importantes.

Enséñame a disfrutar el momento como los niños, sin temer el futuro sin quedarme pensando en lo pasado"

Agradecemos a Dios su amor y protección, manifestados en la cercanía de los ángeles.
Pidámosle que también nosotros seamos ángeles buenos: servidores y mensajes de Dios, protectores de la vida de los hermanos.

Ángel santo de la guarda, compañero de mi vida, tú que nunca me abandonas, ni de noche ni de día.

Aunque eres espíritu invisible, sé que te hayas a mi lado, escuchas mis oraciones y cuentas todos mis pasos.

En las sombras de la noche, me haces sentir tranquilo, cuando tiendes sobre mi pecho las alas de tu ternura.

Ángel de Dios, que yo escuche tu mensaje y que lo siga, que vaya siempre contigo hacia Dios, que me lo envía.

Testigo de lo invisible, presencia del cielo amiga, gracias por tu fiel custodia, gracias por tu compañía.

Tú que eres fiel custodio, enséñame tu santo oficio, para que sepa cuidar la creación y a las personas que pones en mi camino.

En presencia de los Ángeles, suba al cielo nuestro canto: gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo.

Amén.

1/10/17

Si



"Él le contestó: “No quiero”. 
Pero después se arrepintió y fue" 
(Mt 21, 28-32)




“Procurad no sean palabras de cumplimiento las que decís a tan gran Señor” (Santa Teresa).  

 “LO QUE AGRADA A DIOS EN MI PEQUEÑA ALMA ES QUE AME MI PEQUEÑEZ Y MI POBREZA. 
ES LA ESPERANZA CIEGA QUE TENGO EN SU MISERICORDIA” (Sta Teresita del niño Jesús).

Gracias, Dios Padre Bueno y Misericordioso,
porque Tú no llamas cada día para estar junto a Ti,
trabajando en tu Reino de Vida, en medio del mundo.
Gracias, porque Tú nos llamas y nos envías a la Misión.
Gracias, porque Tú nos recuerdas hoy, y cada día,
la importancia de servirte a Ti, y a todos, con coherencia.
Te damos Gracias por tu infinita Paciencia y Misericordia
para hacernos entender cuál es tu Voluntad para nosotros.
Ten Misericordia de nosotros, y ayúdanos a ser dóciles,
y obedientes siempre a la Voz de tu Llamada.
No nos dejes caer en la tentación de la soberbia,
ni del orgullo, ni de la rebeldía, ni del egoísmo;
y ayúdanos a ser humildes, sencillos de corazón,
y siempre atentos y dispuesto a cumplir tu Voluntad.
¡Tú nos llamas Hoy porque tu Caridad urge en el mundo!
Transfórmanos Tú, Dios Padre nuestro Misericordioso,
en personas disponibles, y sin retrasar el trabajo,
para la tarea Evangelizadora en medio del mundo,
porque tu Amor y tu Misericordia nos urge hoy.
¡Que no se haga nuestra voluntad, sino la tuya!
Transfórmanos, Padre Bueno y Misericordioso,
en persona coherentes de palabras y de obras,
y fundamentando siempre nuestra vida cotidiana
en tu Palabra Viva, para cumplir tu Voluntad cada día.
Gracias por todos los dones que Tú nos regalas
para ponerlos a tu servicio y al de cada persona.
Gracias, Dios Padre nuestro, por el privilegio
que no das al poder trabajar en tu Viña cada día.
Ayúdanos Tú a ser siempre fieles servidores tuyos,
para así colaborar contigo, y sin cansancio,
en la Evangelización por todos los lugares mundo,
para que tu Buena Noticia llegue al corazón de todos.
Amén.